Maloy
Poeta recién llegado
XXII
A UNA QUE DECIDÍ OLVIDAR
Mi amada se fue a la Muerte,
partió al Misterio mi amada:
se fue una tarde de invierno;
iba pálida, muy pálida.
Amado Nervo
Alegó Ella haberme dado el porqué;
aunque sólo abortó esa agria quimera,
que yo iluso alimenté con la espera
y el Spleen que nunca deseé.
Quise explicarle entonces que aguardé,
abismado en esa amarga rivera
en donde hierve aquella Agonía austera,
por la que a la Parca exhalar rogué.
Pero noté, la Vida no cesaba;
aunque a vivirla había renunciado
sumido en el Tedio que me astillaba
al ver mi sacro Amor satirizado,
por eso, aunque con el alma la amaba,
dolido, la sepulté en el pasado.
A UNA QUE DECIDÍ OLVIDAR
Mi amada se fue a la Muerte,
partió al Misterio mi amada:
se fue una tarde de invierno;
iba pálida, muy pálida.
Amado Nervo
Alegó Ella haberme dado el porqué;
aunque sólo abortó esa agria quimera,
que yo iluso alimenté con la espera
y el Spleen que nunca deseé.
Quise explicarle entonces que aguardé,
abismado en esa amarga rivera
en donde hierve aquella Agonía austera,
por la que a la Parca exhalar rogué.
Pero noté, la Vida no cesaba;
aunque a vivirla había renunciado
sumido en el Tedio que me astillaba
al ver mi sacro Amor satirizado,
por eso, aunque con el alma la amaba,
dolido, la sepulté en el pasado.
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