Alfredo grande merino
Poeta recién llegado
Amor que llegas, te vas y no vuelves
Que acaricias y arañas el corazón
A la vez que canta, llora y siente.
Que la razón del hombre en jaque pone que la cordura dispersa y nubla la mente.
Enfermedad del alma dulce veneno
Que mata despacio, pesar doliente.
Que traba el camino por el que andas y el recuerdo de tus amantes miradas llena el alma de pena, por no verte.
Ya no estas en mis sueños, te fuiste
Aunque tu recuerdo aun me pesa
Es mentira que de mi corazón caiste
No cae el amor, como del cielo cometas.
Tanto me cuesta olvidarte un momento que sin rumbo encaminó mis pasos ahora la tristeza me viste de luto al abrazarme al recuerdo de tus besos.
Alma por la que beber los vientos
Sereno semblante , cabellos blanco invierno, de palabra calmada y sensata que calaba en corazónes de verdades sedientos.
Mujer como pocas ardiente
Fiel a los dictados del corazón
Plantar en tu jardín simiente,
Y vivir por esa sola razón, ya que
Quererte y admirarte fácil fue
Porque tu entrega generosa
Prendió en mi alma furiosa
Cuando en tus brazos apage mi sed.
ALFREDO GRANDE MERINO
Que acaricias y arañas el corazón
A la vez que canta, llora y siente.
Que la razón del hombre en jaque pone que la cordura dispersa y nubla la mente.
Enfermedad del alma dulce veneno
Que mata despacio, pesar doliente.
Que traba el camino por el que andas y el recuerdo de tus amantes miradas llena el alma de pena, por no verte.
Ya no estas en mis sueños, te fuiste
Aunque tu recuerdo aun me pesa
Es mentira que de mi corazón caiste
No cae el amor, como del cielo cometas.
Tanto me cuesta olvidarte un momento que sin rumbo encaminó mis pasos ahora la tristeza me viste de luto al abrazarme al recuerdo de tus besos.
Alma por la que beber los vientos
Sereno semblante , cabellos blanco invierno, de palabra calmada y sensata que calaba en corazónes de verdades sedientos.
Mujer como pocas ardiente
Fiel a los dictados del corazón
Plantar en tu jardín simiente,
Y vivir por esa sola razón, ya que
Quererte y admirarte fácil fue
Porque tu entrega generosa
Prendió en mi alma furiosa
Cuando en tus brazos apage mi sed.
ALFREDO GRANDE MERINO