Solo dejadme escuchar la triste tonada,
de aquella melancólica melodía a la que le arranco
esa desazón silenciosa y a la vez sepulcral,
de un alma que se abate sin el elixir de una furtiva esperanza
que se lanza enloquecida por los valles sombríos
a toda prisa, dejando tras de sí, las ardientes huellas
en el doloroso recuerdo de un agónico pensamiento,
que se resiste furiosamente a expirar a dejar salir del
pecho, ese trémulo grito que se ahoga en el silencio,
en ese doloroso silencio, que se ríe con la ironía sórdida,
ante el desgarro inhumano
y perplejo de mi incertidumbre.
Sólo dejadme escuchar una vez, una última vez,
la triste tonada, de aquella melancólica melodía
a la que le arrancosa esa desazón silenciosa y a la vez sepulcral,
de mi alma que se pierde como el ocaso ante
la inevitable llegada de la noche cubriéndolo todo
con su oscuro ébano tachonado de estrellas..."
de aquella melancólica melodía a la que le arranco
esa desazón silenciosa y a la vez sepulcral,
de un alma que se abate sin el elixir de una furtiva esperanza
que se lanza enloquecida por los valles sombríos
a toda prisa, dejando tras de sí, las ardientes huellas
en el doloroso recuerdo de un agónico pensamiento,
que se resiste furiosamente a expirar a dejar salir del
pecho, ese trémulo grito que se ahoga en el silencio,
en ese doloroso silencio, que se ríe con la ironía sórdida,
ante el desgarro inhumano
y perplejo de mi incertidumbre.
Sólo dejadme escuchar una vez, una última vez,
la triste tonada, de aquella melancólica melodía
a la que le arrancosa esa desazón silenciosa y a la vez sepulcral,
de mi alma que se pierde como el ocaso ante
la inevitable llegada de la noche cubriéndolo todo
con su oscuro ébano tachonado de estrellas..."
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