Ella es una diosa
que se deshace en las manos.
La reina del cielo,
el mar de sábanas
en noches tranquilas.
Un acueducto
entre la muerte
y la desgracia.
Es el humo de tus cigarros;
el agua que se desliza
por tu cuerpo en la ducha;
mi compañera cuando
me sonríes por la mañana.
Tu piel,
porque no te tengo.
Sólo pertenece a sí misma
y siempre se esconde.
Cae lentamente con los segundos;
rápido se va, como tu tren,
con el ruido, con la gente.
No la conozco,
pero no hay mejor
compañía
cuando no estas tú.
que se deshace en las manos.
La reina del cielo,
el mar de sábanas
en noches tranquilas.
Un acueducto
entre la muerte
y la desgracia.
Es el humo de tus cigarros;
el agua que se desliza
por tu cuerpo en la ducha;
mi compañera cuando
me sonríes por la mañana.
Tu piel,
porque no te tengo.
Sólo pertenece a sí misma
y siempre se esconde.
Cae lentamente con los segundos;
rápido se va, como tu tren,
con el ruido, con la gente.
No la conozco,
pero no hay mejor
compañía
cuando no estas tú.
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