AhabWerther
Poeta recién llegado
Silencio.
Abrigado por el manto infinito del cosmos
mi cuerpo ha comenzado a ser irrelevante;
ahogo un suspiro trémulo
al final del cual mis entumecidos labios
degustan las mieles de tu nombre.
Silencio.
Desde un punto que se extiende
más allá del último horizonte,
se aproxima un frágil coro
de cristal y de diamante; tintineos
agudos apenas perceptibles
en esta vasta inmensidad.
¡Es la voz de las estrellas!
Cada destello encendido en tu mirada
es un prístino tono de diamante
que deslumbra, que endulza el oído
y dibuja una sonrisa
en mi rostro cansado.
El canto fino despierta mis sentidos.
Ya no hay silencio.
El viento es turbio.
En la distancia arde el fuego,
Ese que danza al compás
De las mil manos del aire,
Que se enreda y da vida
A tu delicado cabello y a tus rizos.
Entre mi pecho y mi espalda
Retumba un tambor desenfrenado;
¡Quiero correr a tu encuentro,
Hacer más corta la distancia
Entre el cielo y el infierno!
Silencio.
He cerrado mis ojos
En un intento vano
Por contener mi llanto.
Silencio.
Ya no sólo es el coro de estrellas o el fuego.
Ya no es sólo el latir de mi corazón
O la diminuta gota de sal y sentimiento.
Es el eco de tus pasos
Lo que se aproxima.
El repicar de tus tacones
Aplicando castigo en el asfalto.
Corro a tu encuentro sin abrir
Los ojos.
¡Ése es tu aroma,
Escucha las notas de mi canto!
Mis manos se aferran a tu cuerpo.
Mis ojos se pierden
Al interior del abismo en tu mirada.
Tu sonrisa en alborada irradia luz
Que opaca la voz de las estrellas;
Nuestros cuerpos se funden
En tierno abrazo.
A tu piel de porcelana
Brindo abrigo con mis manos.
Tu corazón y el mío se escuchan
Latir a contratiempo
Cual sombras proyectadas
Sobre el infinito manto cósmico.
Silencio.
Que la larga espera mereció la pena.
Silencio.
Que ya nunca más habrá
Otro nocturno desvelo en el frío
Abrigado por el manto infinito del cosmos
mi cuerpo ha comenzado a ser irrelevante;
ahogo un suspiro trémulo
al final del cual mis entumecidos labios
degustan las mieles de tu nombre.
Silencio.
Desde un punto que se extiende
más allá del último horizonte,
se aproxima un frágil coro
de cristal y de diamante; tintineos
agudos apenas perceptibles
en esta vasta inmensidad.
¡Es la voz de las estrellas!
Cada destello encendido en tu mirada
es un prístino tono de diamante
que deslumbra, que endulza el oído
y dibuja una sonrisa
en mi rostro cansado.
El canto fino despierta mis sentidos.
Ya no hay silencio.
El viento es turbio.
En la distancia arde el fuego,
Ese que danza al compás
De las mil manos del aire,
Que se enreda y da vida
A tu delicado cabello y a tus rizos.
Entre mi pecho y mi espalda
Retumba un tambor desenfrenado;
¡Quiero correr a tu encuentro,
Hacer más corta la distancia
Entre el cielo y el infierno!
Silencio.
He cerrado mis ojos
En un intento vano
Por contener mi llanto.
Silencio.
Ya no sólo es el coro de estrellas o el fuego.
Ya no es sólo el latir de mi corazón
O la diminuta gota de sal y sentimiento.
Es el eco de tus pasos
Lo que se aproxima.
El repicar de tus tacones
Aplicando castigo en el asfalto.
Corro a tu encuentro sin abrir
Los ojos.
¡Ése es tu aroma,
Escucha las notas de mi canto!
Mis manos se aferran a tu cuerpo.
Mis ojos se pierden
Al interior del abismo en tu mirada.
Tu sonrisa en alborada irradia luz
Que opaca la voz de las estrellas;
Nuestros cuerpos se funden
En tierno abrazo.
A tu piel de porcelana
Brindo abrigo con mis manos.
Tu corazón y el mío se escuchan
Latir a contratiempo
Cual sombras proyectadas
Sobre el infinito manto cósmico.
Silencio.
Que la larga espera mereció la pena.
Silencio.
Que ya nunca más habrá
Otro nocturno desvelo en el frío