OscarCortazar
Poeta recién llegado
Y dicen los que saben
"paraíso terrenal"
mencionan:
se requiere vadear ríos grises
acatar
dos maneras de llegar
ya sea a pie o lomo de mula
de acuerdo a la escala en que se animen
los cuerpos
y los pies que han de terminar hinchados
El periplo no hace queja pero considera
con aplomo
los duros efectos de los valles
en el sistema montañoso del Tibet
en el sistema
de densidad
entre el Oriente
los temerarios puentes de cuerda y madera
en los desfiladeros
lavados por la erosión
¿un lugar escondido?
¿el pueblo ideal?
¿hay un buitre? ¿suficiente alimento?
¿una casa de huéspedes?
Pero se necesitan casi siempre
conceptos
que expresen el deslumbramiento de Shangri-La
los hechos que nacen
que con las heladas se eleven
o finalicen
O sus modos de aparecer
de atraer para sí los jardínes
y hacerse de un ave
con su cuenco humeante
en las aldeas
Es, pienso, el camino adentro una utopía, pienso, de cientos
de kilómetros, o poco más, con mi carga al hombro.
Pienso en los habitantes
que en la ladera de las colinas
un volcán apagado activa su cráter
y mis dos acompañantes sudorosos
ven carretas jaladas por bueyes
varadas.
Complicado el lenguaje en donde quiere caber todo sobre Shangri-La
calificativos complicados
enigmáticos
y saber que el paisaje es disfrute
desde la entrada a la ciudad tibetana
de las cordilleras, mientras
los recuerdo quedan anonadados.
Aun así, en el monasterio
de Shangri-La coexiste
quizá por la escualidez de los monjes
o por sus meditaciones con inhalación apagada
variopintos
dejos de otra lengua.
Percibo las cosas de tal manera
desde avistamientos de lotos hasta estatuillas
figuras budistas que surgen en derredor
y este Edén entero que quizá conoció Marco Polo
en el cual, al prestar atención
cierta plaza centrica
y viviendas, poseen calles grises
un mapa con traza de plato roto.
Por no mencionar las infusiones, las tiras
de los ropajes de seda, el potaje hirviente
lleno de especias, picante
y esa especie de alga verde oscuro
de un tono
más visible en las lagunas.
Pero es digno continuar: encumbré una ladera
mi señal de hombre cansado, mi
estrella, pero un azul
allá arriba, pronto, pero yo
atesoro el momento por siempre.
Para repeler los insectos y un poco de hiel
me alojo al lado de un glaciar por meses enteros
se vuelve pasajero
y sólo me queda
verbalizar mantras
que en este lugar florecen
sonidos para disipar al caos
como de oro en polvo
en un tiempo sin contexto que anuncia rayos y tormenta
un rollo de papel decorado, un lecho cómodo
y música gutural.
De esta manera, ante los tibetanos
transcurro en los exteriores
recordando después
trompetas que parecen llamar a oración
para admirar su uso
gente escualida de sandalias sencillas
mejor si sus pies están descalzos
más resistentes que los de un occidental.
Y para aumentar la dicha, los ecos
de trompeta anuncian a las banderolas, que quieren decir:
"bienvenido extranjero, has llegado a esta tierra inedita."
"paraíso terrenal"
mencionan:
se requiere vadear ríos grises
acatar
dos maneras de llegar
ya sea a pie o lomo de mula
de acuerdo a la escala en que se animen
los cuerpos
y los pies que han de terminar hinchados
El periplo no hace queja pero considera
con aplomo
los duros efectos de los valles
en el sistema montañoso del Tibet
en el sistema
de densidad
entre el Oriente
los temerarios puentes de cuerda y madera
en los desfiladeros
lavados por la erosión
¿un lugar escondido?
¿el pueblo ideal?
¿hay un buitre? ¿suficiente alimento?
¿una casa de huéspedes?
Pero se necesitan casi siempre
conceptos
que expresen el deslumbramiento de Shangri-La
los hechos que nacen
que con las heladas se eleven
o finalicen
O sus modos de aparecer
de atraer para sí los jardínes
y hacerse de un ave
con su cuenco humeante
en las aldeas
Es, pienso, el camino adentro una utopía, pienso, de cientos
de kilómetros, o poco más, con mi carga al hombro.
Pienso en los habitantes
que en la ladera de las colinas
un volcán apagado activa su cráter
y mis dos acompañantes sudorosos
ven carretas jaladas por bueyes
varadas.
Complicado el lenguaje en donde quiere caber todo sobre Shangri-La
calificativos complicados
enigmáticos
y saber que el paisaje es disfrute
desde la entrada a la ciudad tibetana
de las cordilleras, mientras
los recuerdo quedan anonadados.
Aun así, en el monasterio
de Shangri-La coexiste
quizá por la escualidez de los monjes
o por sus meditaciones con inhalación apagada
variopintos
dejos de otra lengua.
Percibo las cosas de tal manera
desde avistamientos de lotos hasta estatuillas
figuras budistas que surgen en derredor
y este Edén entero que quizá conoció Marco Polo
en el cual, al prestar atención
cierta plaza centrica
y viviendas, poseen calles grises
un mapa con traza de plato roto.
Por no mencionar las infusiones, las tiras
de los ropajes de seda, el potaje hirviente
lleno de especias, picante
y esa especie de alga verde oscuro
de un tono
más visible en las lagunas.
Pero es digno continuar: encumbré una ladera
mi señal de hombre cansado, mi
estrella, pero un azul
allá arriba, pronto, pero yo
atesoro el momento por siempre.
Para repeler los insectos y un poco de hiel
me alojo al lado de un glaciar por meses enteros
se vuelve pasajero
y sólo me queda
verbalizar mantras
que en este lugar florecen
sonidos para disipar al caos
como de oro en polvo
en un tiempo sin contexto que anuncia rayos y tormenta
un rollo de papel decorado, un lecho cómodo
y música gutural.
De esta manera, ante los tibetanos
transcurro en los exteriores
recordando después
trompetas que parecen llamar a oración
para admirar su uso
gente escualida de sandalias sencillas
mejor si sus pies están descalzos
más resistentes que los de un occidental.
Y para aumentar la dicha, los ecos
de trompeta anuncian a las banderolas, que quieren decir:
"bienvenido extranjero, has llegado a esta tierra inedita."