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Poeta que no puede vivir sin el portal
Negociando la falta de oportunidades, en la fila del pan abandonada, donde el hambre hace su agosto permitiendo que la vergüenza tenga lugar en el censo de población.
Las personas se disputan el tiempo en las carreteras, la idea es llegar, pero llegar primero, pisar no importa a cuanto viajero si se consigue precisamente el algo llamado segundo, momento.
Las fricciones, descortesías y prisas se juntan en la tensión de hombros, frente y cejas prevaleciendo el más audaz entre el gentío que pretende disfrutar ir a la cabeza de una cubeta de cangrejos.
Todo son alternativas de tangentes, de salidas para con las responsabilidades cotidianas que están desgastando la paciencia y resistencia de tanto y tanto desmadrugado.
El gusto por la vida a claudicado. El orgullo ante el reto conquistado. El honor en el presente y pasado que llevaban en la librea estampado... a perecido dejando su lugar al apuro por comida y cobijo.
¡Que precio hemos pagado!, la sociedad se vendió barato, se prostituyó ante las comodidades y dejó morirse de hambre a la familia y dignidad.
Al hijo condenamos al videojuego; al viejo lo condenamos al asilo; al amor lo condenamos al recuerdo y a la verdad la crucificamos en lo incierto.
Las personas se disputan el tiempo en las carreteras, la idea es llegar, pero llegar primero, pisar no importa a cuanto viajero si se consigue precisamente el algo llamado segundo, momento.
Las fricciones, descortesías y prisas se juntan en la tensión de hombros, frente y cejas prevaleciendo el más audaz entre el gentío que pretende disfrutar ir a la cabeza de una cubeta de cangrejos.
Todo son alternativas de tangentes, de salidas para con las responsabilidades cotidianas que están desgastando la paciencia y resistencia de tanto y tanto desmadrugado.
El gusto por la vida a claudicado. El orgullo ante el reto conquistado. El honor en el presente y pasado que llevaban en la librea estampado... a perecido dejando su lugar al apuro por comida y cobijo.
¡Que precio hemos pagado!, la sociedad se vendió barato, se prostituyó ante las comodidades y dejó morirse de hambre a la familia y dignidad.
Al hijo condenamos al videojuego; al viejo lo condenamos al asilo; al amor lo condenamos al recuerdo y a la verdad la crucificamos en lo incierto.
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