Raúl Castillo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las cucarachas se entretienen meando
en el linóleo de la cocina,
luego comen de la grasa en la estufa
con los utensilios peludos,
frotando sus patas
como dueños de la lámpara.
Y el perro maldito mama
de la botella de licor,
vacía pero aromática:
su hacedora de sueños
Las hormigas acarrean
migajas de pan duro
mientras las moscas
se cagan las patas en la miseria
del hombrecillo decadente y enviciado
que se hunde en los resortes del sofá.
Todos los voladores
y rastreros envían delegados
hasta un papel estrujado
en el medio de la sala.
Un grillo engafado
lee del papel su garabato:
-¿La poesía muere?
y los demás lloran en abrazo
hasta quedarse dormidos,
una vez han inhalado las palabras
y el cascabel de una bomba aerosol
que los cubre con su llovizna.
El viento engalanado escolta
en su crin y galope
a aquel pedazo de papel
que ahora besa el ventanal
y continua en su velero a lo infinito.
Raul Castillo
en el linóleo de la cocina,
luego comen de la grasa en la estufa
con los utensilios peludos,
frotando sus patas
como dueños de la lámpara.
Y el perro maldito mama
de la botella de licor,
vacía pero aromática:
su hacedora de sueños
Las hormigas acarrean
migajas de pan duro
mientras las moscas
se cagan las patas en la miseria
del hombrecillo decadente y enviciado
que se hunde en los resortes del sofá.
Todos los voladores
y rastreros envían delegados
hasta un papel estrujado
en el medio de la sala.
Un grillo engafado
lee del papel su garabato:
-¿La poesía muere?
y los demás lloran en abrazo
hasta quedarse dormidos,
una vez han inhalado las palabras
y el cascabel de una bomba aerosol
que los cubre con su llovizna.
El viento engalanado escolta
en su crin y galope
a aquel pedazo de papel
que ahora besa el ventanal
y continua en su velero a lo infinito.
Raul Castillo