Erina de Telos
Poeta recién llegado
¿Relleno televisivo o modelos de conducta?
Lo que probablemente pudo empezar como ejemplo de lacra social ha terminado convirtiéndose en la élite de la televisión, alcanzando números de audiencia insospechados. En efecto, hemos caído en una espiral de cotilleos y posiblemente- falsas historietas de famosos de segunda que insisten en hacerse un huequecillo todas las tardes después de comer. Lo más grave no es su tortuosa aparición diaria, sino que en vez de dormirnos evitando sus voces chillonas y sus falsas discusiones, nos han embaucado de tal manera que hemos pospuesto la tan famosa costumbre española: La siesta. Ahora, dormirse a las cuatro o cinco de la tarde es perderse datos sumamente importantes que darán interesantes nótese la ironía- temas de conversación con los amigos o compañeros de trabajo.
¿Y quien es el listo, o más bien el valiente, que no se conoce la famosa frase de la Esteban? Su pobre hija será víctima de macabras bromas hasta al menos cumplir los sesenta, pero claro, todo se supera si a cambio, ostentas el poderoso título de provenir de La princesa del pueblo. Y es aquí, cuando yo y supongo que muchos otros- deciden pertenecer espontáneamente al pueblo de al lado.
Dejando a un lado la realeza, sumerjámonos en el maravillo mundo de 24 horas observando a un extraño. A estas alturas casi juraría que todos hemos llegado a la misma conclusión: Gran Hermano, otro gran éxito televisivo. Por que, ¿A quien no le gusta ver las aventuras y desventuras de unas cuantas almas, que se ven corrompidas por los celos, la convivencia, y por supuesto, esos millones tan bien invertidos del premio final? Casi resulta elegante ver como adornan la falta de escrúpulos para vendérnosla como un producto sano y bienintencionado, de todas formas, ellos lo necesitan mas que esos africanos que afirman morirse de hambre a diario ¡Qué negros más ególatras! Siempre pensando en si mismos.
Pero en fin, todo lo dicho es fruto de la envidia. ¿Quién no aparecería en televisión asegurando haberse liado con un torero no siendo necesariamente cierto- por unos miles de euros al año? Señores, de mayor, yo quiero ser farandulera.
Lo que probablemente pudo empezar como ejemplo de lacra social ha terminado convirtiéndose en la élite de la televisión, alcanzando números de audiencia insospechados. En efecto, hemos caído en una espiral de cotilleos y posiblemente- falsas historietas de famosos de segunda que insisten en hacerse un huequecillo todas las tardes después de comer. Lo más grave no es su tortuosa aparición diaria, sino que en vez de dormirnos evitando sus voces chillonas y sus falsas discusiones, nos han embaucado de tal manera que hemos pospuesto la tan famosa costumbre española: La siesta. Ahora, dormirse a las cuatro o cinco de la tarde es perderse datos sumamente importantes que darán interesantes nótese la ironía- temas de conversación con los amigos o compañeros de trabajo.
¿Y quien es el listo, o más bien el valiente, que no se conoce la famosa frase de la Esteban? Su pobre hija será víctima de macabras bromas hasta al menos cumplir los sesenta, pero claro, todo se supera si a cambio, ostentas el poderoso título de provenir de La princesa del pueblo. Y es aquí, cuando yo y supongo que muchos otros- deciden pertenecer espontáneamente al pueblo de al lado.
Dejando a un lado la realeza, sumerjámonos en el maravillo mundo de 24 horas observando a un extraño. A estas alturas casi juraría que todos hemos llegado a la misma conclusión: Gran Hermano, otro gran éxito televisivo. Por que, ¿A quien no le gusta ver las aventuras y desventuras de unas cuantas almas, que se ven corrompidas por los celos, la convivencia, y por supuesto, esos millones tan bien invertidos del premio final? Casi resulta elegante ver como adornan la falta de escrúpulos para vendérnosla como un producto sano y bienintencionado, de todas formas, ellos lo necesitan mas que esos africanos que afirman morirse de hambre a diario ¡Qué negros más ególatras! Siempre pensando en si mismos.
Pero en fin, todo lo dicho es fruto de la envidia. ¿Quién no aparecería en televisión asegurando haberse liado con un torero no siendo necesariamente cierto- por unos miles de euros al año? Señores, de mayor, yo quiero ser farandulera.