Existe una región oculta,
que no es la vida,
aunque tampoco es el cielo.
Allí aguardan seres luminosos;
hablan sin voz
y enseñan el arte de avanzar
por senderos nunca antes transitados.
No habita el miedo,
pues una fuerza invisible
vela cada uno de tus pasos.
Mientras meditas,
percibes en torno a ti
la silenciosa danza de aquellas presencias,
cuya belleza sobrecoge
y cuyo amor aquieta el alma.
Te sientes protegido,
envuelto por una energía benévola
que desvanece toda sombra
capaz de perturbar esa calma.
Y ellos te revelan,
con una certeza imposible de negar,
que cuanto pretenda dañarte
verá extinguido su poder,
replegado ante el resplandor.
Porque su misión es acompañarte,
custodiar tu camino
y preservar la serenidad sembrada
en lo más profundo de tu corazón.
que no es la vida,
aunque tampoco es el cielo.
Allí aguardan seres luminosos;
hablan sin voz
y enseñan el arte de avanzar
por senderos nunca antes transitados.
No habita el miedo,
pues una fuerza invisible
vela cada uno de tus pasos.
Mientras meditas,
percibes en torno a ti
la silenciosa danza de aquellas presencias,
cuya belleza sobrecoge
y cuyo amor aquieta el alma.
Te sientes protegido,
envuelto por una energía benévola
que desvanece toda sombra
capaz de perturbar esa calma.
Y ellos te revelan,
con una certeza imposible de negar,
que cuanto pretenda dañarte
verá extinguido su poder,
replegado ante el resplandor.
Porque su misión es acompañarte,
custodiar tu camino
y preservar la serenidad sembrada
en lo más profundo de tu corazón.