dagio21
Poeta recién llegado
Sí, Lo he asesinado.
Y,
Culpo a la violencia del viento
Quien susurrante en mi oído
Me impulso atarle como,
Como los pichones se atan al nido,
Para entonces vi nacer en mi corazón
la necesidad, que Apremiante
Destrozara los fulgores de su vanidad,
Quebrantara la belleza de su semblante,
Royera el aura tranquila de sus ojos,
Iluminara la zona umbría de sus fosos nasales,
Maculara su piel con vetustos tonos,
Y redujera a ascuas el brillo de sus perlas bocales,
Así que, con el rubor macabro en mi rostro
Olvide las lascivas tolerancias,
Allí se apodero de mí toda vehemencia
Se nublo mi visión y, a aquel grotesco
Personaje de mi precaria imaginativa
Le puse el fin que bien merecía.
Lo declaro pues fue aquel delirio,
Que en su muerte yo busque soslayar
La pena a mis ojos causada.
Mas ahora es en el cristal un reflejo maldito,
Yace como “asesino cruel” de mi añoranza,
Pues ya no era uno, Sino miles, millares,
Que me escrutaban desde el suelo, paredes y aire.
Sedientas sus formas querían vengarse,
Así que corrí, corrí, a donde ya no miraran
Sus ímpetus necios nacidos en mi alma,
De nada sirvió, aún siento sus bríos
Perturbando mi calma, aun veo sus ojos
Hoy como ayer, donde sea que mi ser se reflejara.
Y,
Culpo a la violencia del viento
Quien susurrante en mi oído
Me impulso atarle como,
Como los pichones se atan al nido,
Para entonces vi nacer en mi corazón
la necesidad, que Apremiante
Destrozara los fulgores de su vanidad,
Quebrantara la belleza de su semblante,
Royera el aura tranquila de sus ojos,
Iluminara la zona umbría de sus fosos nasales,
Maculara su piel con vetustos tonos,
Y redujera a ascuas el brillo de sus perlas bocales,
Así que, con el rubor macabro en mi rostro
Olvide las lascivas tolerancias,
Allí se apodero de mí toda vehemencia
Se nublo mi visión y, a aquel grotesco
Personaje de mi precaria imaginativa
Le puse el fin que bien merecía.
Lo declaro pues fue aquel delirio,
Que en su muerte yo busque soslayar
La pena a mis ojos causada.
Mas ahora es en el cristal un reflejo maldito,
Yace como “asesino cruel” de mi añoranza,
Pues ya no era uno, Sino miles, millares,
Que me escrutaban desde el suelo, paredes y aire.
Sedientas sus formas querían vengarse,
Así que corrí, corrí, a donde ya no miraran
Sus ímpetus necios nacidos en mi alma,
De nada sirvió, aún siento sus bríos
Perturbando mi calma, aun veo sus ojos
Hoy como ayer, donde sea que mi ser se reflejara.