Porque nunca fue.
Te miro, es un minuto, es una eternidad.
Solías ser mas atractivo,
la vida de andanzas y equivocaciones te sienta mal.
No hubo una foto porque ni siquiera era para grabar
ese momento en una imágen, no es imágen sino música
y poesía.
Ese momento, no fue momento, no fue nada
es el recuerdo de un anécdota en el que fracasé,
es reflexión vacía y repleta de meses que malgasté,
una conclusión masiva de "nos",
después de casi una era de resignación
y de todas las lágrimas que lloré y nunca más lloraré.
Porque no eras para mi
porque nunca fue.
Te miro, es un segundo, es toda una noche
de elaboración, de asombros, de monotonía
y vuelves con casi las mismas ironías.
Por momentos sentí por qué yo en el fondo ardía
por momentos comprendí que contigo no habría salida.
Te miro, y sin dolor alguno ya,
pues las lágrimas se secaron
y mi sentir, resignado a un extraño.
Supe que, con todas las fuerzas del mundo,
nunca hubieras sido mío.
Quién sabe por qué.
La resignación como salvadora y la poesía como el bastón.
Porque la vida es corta y no se puede jugar con engaños.
Porque no soy quien debería haber sido en el momento indicado
porque si amar es cuestión de piel, se convierte en pecado,
porque yo no era para ti, y tú lo dijiste,
intuitivo, aunque cruel
Quién sabe cómo, quién sabe.
Nunca fue, quién sabe por qué,
Quién sabe por qué.
Te miro, es un minuto, es una eternidad.
Solías ser mas atractivo,
la vida de andanzas y equivocaciones te sienta mal.
No hubo una foto porque ni siquiera era para grabar
ese momento en una imágen, no es imágen sino música
y poesía.
Ese momento, no fue momento, no fue nada
es el recuerdo de un anécdota en el que fracasé,
es reflexión vacía y repleta de meses que malgasté,
una conclusión masiva de "nos",
después de casi una era de resignación
y de todas las lágrimas que lloré y nunca más lloraré.
Porque no eras para mi
porque nunca fue.
Te miro, es un segundo, es toda una noche
de elaboración, de asombros, de monotonía
y vuelves con casi las mismas ironías.
Por momentos sentí por qué yo en el fondo ardía
por momentos comprendí que contigo no habría salida.
Te miro, y sin dolor alguno ya,
pues las lágrimas se secaron
y mi sentir, resignado a un extraño.
Supe que, con todas las fuerzas del mundo,
nunca hubieras sido mío.
Quién sabe por qué.
La resignación como salvadora y la poesía como el bastón.
Porque la vida es corta y no se puede jugar con engaños.
Porque no soy quien debería haber sido en el momento indicado
porque si amar es cuestión de piel, se convierte en pecado,
porque yo no era para ti, y tú lo dijiste,
intuitivo, aunque cruel
Quién sabe cómo, quién sabe.
Nunca fue, quién sabe por qué,
Quién sabe por qué.