Poemas de Alaide Foppa("la sin ventura")- Ella se siente a veces y otros poemas

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Reseña biográfica

Alaíde Foppa nació el 3 de diciembre de 1914 en Barcelona, con un destino tan brillante como trágico. Vivió unos años en Argentina, y pasó su adolescencia en Italia, país de origen de su padre. También estuvo un tiempo en Guatemala, donde obtuvo la ciudadanía a través de su marido. Por cuestiones políticas, debió exiliarse a México por un tiempo. Allí trabajó como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras, a cargo de la cátedra de Literatura Italiana.
Apoyó fervientemente los movimientos feministas; fundó la revista FEM y colaboró por distintos medios contra la represión de la mujer. En la década del 70, reflejó la profunda tristeza por la muerte de sus hijos y su marido en una serie de poemas muy conmovedores. Al regresar de su exilio, en 1980, fue secuestrada y nunca volvieron a verla.


No se puede vivir con una muerte dentro: hay que elegir entre arrojarla lejos, como fruto podrido, o al contagio, dejarse morir"

Ella se siente a veces...


Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por los pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.


¿Quién eres tú?


¿Quién eres tú, hijo tardío?
De los otros me parece
que algo sabía
desde el primer día
de duda y esperanza.
Pero tú, inesperado,
¿quién eres?
en ti nunca había pensado.
¿Cómo vas a llegar
a este mundo enemigo
si ni siquiera yo te conozco?
Perdóname, hijo:
hasta me ha parecido
que no había lugar para ti.
Mi corazón, ya lo verás,
es una sangrienta granada abierta.
Y yo estoy cansada.
Además,
tú me vas a quitar
ese retazo de mi vida
que me han dejado los otros:
casi nada,
pero me duele desprenderme
de lo último que me queda.
Tendrás que ayudarme a conocerte.
Y ha de ser tu vida,
tan vigorosa y fuerte,
que devore la mía, alegremente,
y yo lejana de mí misma
y distraída,
apenas lo lamente.
-----------------------
Destierro

Mi vida
es un destierro sin retorno.
No tuvo casa
mi errante infancia perdida,
no tiene tierra
mi destierro.
Mi vida navegó
en nave de nostalgia.
Viví a orillas del mar
mirando el horizonte:
hacia mi casa ignorada
pensaba zarpar un día,
y el presentido viaje
me dejó en otro puerto de partida.
¿Es el amor, acaso,
mi última rada?
Oh brazos que me hicieron prisionera,
sin darme abrigo...
También del cruel abrazo
quise escaparme.
Oh huyentes brazos,
que en vano buscaron mis manos...
Incesante fuga
y anhelo incesante
el amor no es puerto seguro.
Ya no hay tierra prometida
para mi esperanza.

Silencio

Un lento silencio
viene desde lejos
y lentamente
me penetra.
Cuando me habite
del todo,
cuando callen
las otras voces
cuando yo sea sólo
una isla silenciosa
tal vez escuche
la palabra esperada.

 

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Reseña biográfica

Alaíde Foppa nació el 3 de diciembre de 1914 en Barcelona, con un destino tan brillante como trágico. Vivió unos años en Argentina, y pasó su adolescencia en Italia, país de origen de su padre. También estuvo un tiempo en Guatemala, donde obtuvo la ciudadanía a través de su marido. Por cuestiones políticas, debió exiliarse a México por un tiempo. Allí trabajó como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras, a cargo de la cátedra de Literatura Italiana.
Apoyó fervientemente los movimientos feministas; fundó la revista FEM y colaboró por distintos medios contra la represión de la mujer. En la década del 70, reflejó la profunda tristeza por la muerte de sus hijos y su marido en una serie de poemas muy conmovedores. Al regresar de su exilio, en 1980, fue secuestrada y nunca volvieron a verla.


No se puede vivir con una muerte dentro: hay que elegir entre arrojarla lejos, como fruto podrido, o al contagio, dejarse morir"

Ella se siente a veces...


Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por los pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.


¿Quién eres tú?


¿Quién eres tú, hijo tardío?
De los otros me parece
que algo sabía
desde el primer día
de duda y esperanza.
Pero tú, inesperado,
¿quién eres?
en ti nunca había pensado.
¿Cómo vas a llegar
a este mundo enemigo
si ni siquiera yo te conozco?
Perdóname, hijo:
hasta me ha parecido
que no había lugar para ti.
Mi corazón, ya lo verás,
es una sangrienta granada abierta.
Y yo estoy cansada.
Además,
tú me vas a quitar
ese retazo de mi vida
que me han dejado los otros:
casi nada,
pero me duele desprenderme
de lo último que me queda.
Tendrás que ayudarme a conocerte.
Y ha de ser tu vida,
tan vigorosa y fuerte,
que devore la mía, alegremente,
y yo lejana de mí misma
y distraída,
apenas lo lamente.
-----------------------
Destierro

Mi vida
es un destierro sin retorno.
No tuvo casa
mi errante infancia perdida,
no tiene tierra
mi destierro.
Mi vida navegó
en nave de nostalgia.
Viví a orillas del mar
mirando el horizonte:
hacia mi casa ignorada
pensaba zarpar un día,
y el presentido viaje
me dejó en otro puerto de partida.
¿Es el amor, acaso,
mi última rada?
Oh brazos que me hicieron prisionera,
sin darme abrigo...
También del cruel abrazo
quise escaparme.
Oh huyentes brazos,
que en vano buscaron mis manos...
Incesante fuga
y anhelo incesante
el amor no es puerto seguro.
Ya no hay tierra prometida
para mi esperanza.

Silencio

Un lento silencio
viene desde lejos
y lentamente
me penetra.
Cuando me habite
del todo,
cuando callen
las otras voces
cuando yo sea sólo
una isla silenciosa
tal vez escuche
la palabra esperada.

Todos tenemos una buena oportunidad para reconocernos como islas.
Un beso, Isabel.
 

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