https://mujeresparapensar.com/2017/12/04/adrienne-rich/
“Una mujer que piensa duerme con monstruos”
Adrienne Rich
Viviendo en los depósitos de tierra de nuestra historia
Hoy una retroexcavadora sacó a la luz del interior de una falda de tierra desmoronada
una botella ámbar perfecta un remedio
centenario para la fiebre o la melancolía un tónico
para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima
Hoy he estado leyendo acerca de Marie Curie:
tenía que saber que sufría la enfermedad de los rayos
su cuerpo bombardeado durante años por el elemento
que había depurado
Parece que negó hasta el final
la fuente de las cataratas en sus ojos
la piel agrietada y supurante de las yemas de sus dedos
hasta que no pudo sostener más ni un tubo de ensayo ni un lápiz
Murió famosa negando
sus heridas
negando
que sus heridas provenían de la misma fuente que su poder.
Poema “Poder”, de su poemario El sueño de una lengua común.
ㅤBueno,
tardó mucho en su venida, la que debe ser
más despiadada con ella misma que la historia.
Con la mente al viento, la veo zambullirse
y atravesar de pecho la corriente,
atrayendo la luz
por lo menos tan hermosa como cualquier chico
o helicóptero,
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤen suspenso, llegando,
estremeciendo el aire con sus aspas finas
pero su carga
entonces ninguna promesa:
entregada
tangible
nuestra.
* De Instantáneas de una nuera (1967)
Cartografías del silencio, de Adrienne Rich
1.
Una conversación empieza
con una mentira. Y los
hablantes de la convenida lengua común sienten
la rotura del témpano de hielo, el distanciamiento
como impotentes, como erigidos ante
una fuerza de la naturaleza
Un poema puede empezar
con una mentira. Y ser destrozado.
Una conversación tiene leyes distintas
se recarga a sí misma con su propia
energía falsa. No puede ser
destrozada. Se infiltra en nuestra sangre. Se repite a sí misma.
Inscribe con su aguja sin retorno
el aislamiento al tiempo que lo niega.
2.
La emisora de música clásica
sonando hora tras hora en el apartamento
el acto de descolgar y descolgar
y volver a descolgar el teléfono
Las sílabas pronunciando
el viejo guion una y otra vez
La soledad del que miente
instalada en el complejo formal de la mentira
más poesía aquí
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que nos perdimos. Así y todo, solo esta distorsión
peculiar del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde mi ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados como para escuchar tu llamada ?
Y vos, vos te acercás a mí con la misma cadencia.
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verde azul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir
* De Veintiún poemas de amor (1976)
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que nos perdimos. Así y todo, solo esta distorsión
peculiar del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde mi ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados como para escuchar tu llamada ?
Y vos, vos te acercás a mí con la misma cadencia.
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que nos perdimos. Así y todo, solo esta distorsión
peculiar del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde mi ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados como para escuchar tu llamada ?
Y vos, vos te acercás a mí con la misma cadencia.
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verdeazul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir
* De Veintiún poemas de amor (1976)
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verdeazul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir
* De Veintiún poemas de amor (1976)
https://trianarts.com/adrienne-rich-veintiun-poemas-amor/#sthash.sWeWOUZk.dpbs
«Aunque sintamos que poco puede hacer nuestra poesía frente al poder descontrolado de la tecnología y la codicia aparentemente sin límites, sin embargo, es cierto que la poesía puede quebrar el aislamiento y mostrarnos cuándo se nos proscribe y se nos hace invisibles. Nos recuerda la existencia de la belleza donde no parece posible y la afinidad donde todo se nos presenta como separación”. A.R.
Archivos adjuntos
Última edición: