Y con la caída de la noche,
el espíritu sale de su letargo.
Se abre la puerta,
al miedo, la verdad y la pureza...
El mundo cede,
la oscuridad se apodera,
de una mente que cae,
una mente que se libera...
El sueño comienza...
y los ojos se abren...
Por calles vacías,
camino hacia el ocaso.
Baga mi espíritu,
a la esperanza buscando.
Sólo observada,
por un cielo seminublado.
Sólo acompañada,
Por el sonido de mis pasos.
El silencio,
Mi único amigo,
Mi único consejero,
Mi único juez
Silencio.
Frío y terrible silencio.
Oigo en él mi voz,
Mi terrible y traicionero yo
Al fin me oigo,
Entre silenciosos llantos,
Comienza a hablarme mi voz.
Asfalto y tierra mojada,
Comienza poco a poco,
A asomarse el sol,
Y lágrimas de agua,
Acarician dulcemente mi rostro.
Llego a ese lugar,
Donde siempre estoy
Sonde siempre espera
Mi fantasma.
Entre recuerdos
Y piedras centenarias,
Rojo ladrillo y caliza blanca,
Atravieso la puerta
Y Amanece
El sueño habla
Y los ojos se abren
Alzo la mirada
Y allá arriba,
Besando a las últimas estrellas,
Se alza majestuosa,
Una silueta negra.
Oscura, quizá aterradora.
Sólo distingo ,
El porte, el cabello,
Sus grandes alas
Donde entre suaves plumas,
Se refugia el viento.
Irremediable atracción.
Morbo del oscuro miedo.
Impulso, fuerza y decisión.
Comienzo a escalar el muro,
Comienzo a seguir mi intuición.
Mis manos frías, yertas,
Sangran.
Cortadas por la impasible piedra,
Húmeda y resbaladiza,
Lucho contra ella.
Y comienzo a ascender.
Cada vez mas alto,
Cada vez es más fácil caer
Resbalo,
Y con el corazón en las manos,
Descubro un espíritu,
Mi espíritu,
Más duro que la piedra,
Más fuerte que el abismo.
El sueño habla
Y los ojos comienzan a ver
Estoy arriba,
Ante mí, la inmensidad,
De un mar verde,
De majestuoso pinar.
Y el eterno horizonte,
Se pierde en las curvas,
De lejanas montañas,
Vestidas en nieve y sal.
Y fundido con tal belleza,
Se dibuja él, el ángel negro,
De oscura silueta
Mis piernas tiemblan,
El miedo de mí se apodera
Pero,
Necesito abrazarle
¿Por qué no?
De espaldas le estrecho ,
Entre el calor de mis brazos.
Me embriaga su olor,
Siento su cabello en mi mejilla,
Y el miedo es vencido por el amor
Entonces se gira,
Su rostro reconozco,
Y la inmensidad del horizonte,
Se vuelve insignificante
Ante el verde de sus ojos.
Permitir a mi alma,
Volver a besar,
A otro ángel negro mas
Volveré a descubrir mi espíritu,
Vuelvo a intentar volar,
Cada vez más arriba,
El peligro va siempre a más
Ánimas que se depositan,
Una en manos de otra.
Eterno miedo, pulso,
Equilibrio constante,
Procurando siempre,
En su propio fuego no quemarse
Volvemos a volar
El sueño despierta,
¿y los ojos?
Podrán recordar
el espíritu sale de su letargo.
Se abre la puerta,
al miedo, la verdad y la pureza...
El mundo cede,
la oscuridad se apodera,
de una mente que cae,
una mente que se libera...
El sueño comienza...
y los ojos se abren...
Por calles vacías,
camino hacia el ocaso.
Baga mi espíritu,
a la esperanza buscando.
Sólo observada,
por un cielo seminublado.
Sólo acompañada,
Por el sonido de mis pasos.
El silencio,
Mi único amigo,
Mi único consejero,
Mi único juez
Silencio.
Frío y terrible silencio.
Oigo en él mi voz,
Mi terrible y traicionero yo
Al fin me oigo,
Entre silenciosos llantos,
Comienza a hablarme mi voz.
Asfalto y tierra mojada,
Comienza poco a poco,
A asomarse el sol,
Y lágrimas de agua,
Acarician dulcemente mi rostro.
Llego a ese lugar,
Donde siempre estoy
Sonde siempre espera
Mi fantasma.
Entre recuerdos
Y piedras centenarias,
Rojo ladrillo y caliza blanca,
Atravieso la puerta
Y Amanece
El sueño habla
Y los ojos se abren
Alzo la mirada
Y allá arriba,
Besando a las últimas estrellas,
Se alza majestuosa,
Una silueta negra.
Oscura, quizá aterradora.
Sólo distingo ,
El porte, el cabello,
Sus grandes alas
Donde entre suaves plumas,
Se refugia el viento.
Irremediable atracción.
Morbo del oscuro miedo.
Impulso, fuerza y decisión.
Comienzo a escalar el muro,
Comienzo a seguir mi intuición.
Mis manos frías, yertas,
Sangran.
Cortadas por la impasible piedra,
Húmeda y resbaladiza,
Lucho contra ella.
Y comienzo a ascender.
Cada vez mas alto,
Cada vez es más fácil caer
Resbalo,
Y con el corazón en las manos,
Descubro un espíritu,
Mi espíritu,
Más duro que la piedra,
Más fuerte que el abismo.
El sueño habla
Y los ojos comienzan a ver
Estoy arriba,
Ante mí, la inmensidad,
De un mar verde,
De majestuoso pinar.
Y el eterno horizonte,
Se pierde en las curvas,
De lejanas montañas,
Vestidas en nieve y sal.
Y fundido con tal belleza,
Se dibuja él, el ángel negro,
De oscura silueta
Mis piernas tiemblan,
El miedo de mí se apodera
Pero,
Necesito abrazarle
¿Por qué no?
De espaldas le estrecho ,
Entre el calor de mis brazos.
Me embriaga su olor,
Siento su cabello en mi mejilla,
Y el miedo es vencido por el amor
Entonces se gira,
Su rostro reconozco,
Y la inmensidad del horizonte,
Se vuelve insignificante
Ante el verde de sus ojos.
Permitir a mi alma,
Volver a besar,
A otro ángel negro mas
Volveré a descubrir mi espíritu,
Vuelvo a intentar volar,
Cada vez más arriba,
El peligro va siempre a más
Ánimas que se depositan,
Una en manos de otra.
Eterno miedo, pulso,
Equilibrio constante,
Procurando siempre,
En su propio fuego no quemarse
Volvemos a volar
El sueño despierta,
¿y los ojos?
Podrán recordar