Yurena Montesanto
Poeta recién llegado
Pequeños detalles
que esta vida magnifica
en almas puras, verdaderas
no pondré de ejemplo la mía;
un simple beso en la mejilla
que representa los mayores amores,
no hacen falta regalos ni obsequios
para unir dos vidas que se forjen.
Puedo nombrar también las miradas
el mejor instante entre dos amores primerizos
esas miradas que ilusionaban
sin necesidad de alguna palabra
mirada con silenciosos gritos
de locura y esperanza.
La inocencia de ese niño
que camina torpe
en cualquier acera,
se tropieza y se levanta,
ahí es cuando yo observé,
que cada caída es el comienzo
de una nueva partida mejorada.
Veo también a dos ancianitos de la mano
que sorprenden a cada otro
que está solo en algún banco,
ese enlace duradero
y esa mano entrelazada
me ilusionan y me dichan:
¿Eterno amor?
Sí, hay esperanza.
No quedó inadvertida
la lagrimilla que se le deslizaba
por la mejilla
a mi maestra,
cuando algunos hablábamos de guerra
y de soldados que fracasan en el intento;
ahí supe ver su dolor y añoranza
su ser querido que se marchaba
a causa de cualquier escopa o arma blanca.
Ayer perspicaz pude ver
a mi madre mirando al horizonte
en mi ventana,
no me hizo falta palabra
para darme cuenta
de todos los recuerdos
que le sucumbían el alma,
entonces supe aprender que cualquier problema es pasajero,
que cualquier angustia se amansa,
que el amor queda en el recuerdo,
y que el recuerdo,
construye un largo camino hacia el alma.
que esta vida magnifica
en almas puras, verdaderas
no pondré de ejemplo la mía;
un simple beso en la mejilla
que representa los mayores amores,
no hacen falta regalos ni obsequios
para unir dos vidas que se forjen.
Puedo nombrar también las miradas
el mejor instante entre dos amores primerizos
esas miradas que ilusionaban
sin necesidad de alguna palabra
mirada con silenciosos gritos
de locura y esperanza.
La inocencia de ese niño
que camina torpe
en cualquier acera,
se tropieza y se levanta,
ahí es cuando yo observé,
que cada caída es el comienzo
de una nueva partida mejorada.
Veo también a dos ancianitos de la mano
que sorprenden a cada otro
que está solo en algún banco,
ese enlace duradero
y esa mano entrelazada
me ilusionan y me dichan:
¿Eterno amor?
Sí, hay esperanza.
No quedó inadvertida
la lagrimilla que se le deslizaba
por la mejilla
a mi maestra,
cuando algunos hablábamos de guerra
y de soldados que fracasan en el intento;
ahí supe ver su dolor y añoranza
su ser querido que se marchaba
a causa de cualquier escopa o arma blanca.
Ayer perspicaz pude ver
a mi madre mirando al horizonte
en mi ventana,
no me hizo falta palabra
para darme cuenta
de todos los recuerdos
que le sucumbían el alma,
entonces supe aprender que cualquier problema es pasajero,
que cualquier angustia se amansa,
que el amor queda en el recuerdo,
y que el recuerdo,
construye un largo camino hacia el alma.
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