MaharetBlack
Poeta recién llegado
Las olas mueren contra los peñascos
sus crestas blancas, teñidas de oro y rosa,
mueren y renacen a cada instante,
haciéndome ver a un ave fénix
posada entre las rocas
que ocultan el naufragio
de una carabela inglesa.
El viento juguetea con mis cabellos,
y con todo lo viviente y lo inerte
Dentro y fuera del mar.
Llevándose también
las hojas arrancadas de un diario antiguo y olvidado,
pétalos de rosa secos y mariposas disecadas,
y algunas lágrimas quemantes, saladas y amargas.
La luna y el sol se encuentran
en los puntos opuestos del horizonte.
Se desean suerte mutuamente
y se lanzan miradas de amor
atrancado desde el principio de los tiempos.
Quizá ya es hora
de que me vaya.
Pero, aún cuando esté cercada
Por montañas negras,
escucharé el sonido de la marea,
sentiré el olor de la sal,
y la brisa de un mar
eternamente grabado en mi mente
Jugueteará con mi cabello.
sus crestas blancas, teñidas de oro y rosa,
mueren y renacen a cada instante,
haciéndome ver a un ave fénix
posada entre las rocas
que ocultan el naufragio
de una carabela inglesa.
El viento juguetea con mis cabellos,
y con todo lo viviente y lo inerte
Dentro y fuera del mar.
Llevándose también
las hojas arrancadas de un diario antiguo y olvidado,
pétalos de rosa secos y mariposas disecadas,
y algunas lágrimas quemantes, saladas y amargas.
La luna y el sol se encuentran
en los puntos opuestos del horizonte.
Se desean suerte mutuamente
y se lanzan miradas de amor
atrancado desde el principio de los tiempos.
Quizá ya es hora
de que me vaya.
Pero, aún cuando esté cercada
Por montañas negras,
escucharé el sonido de la marea,
sentiré el olor de la sal,
y la brisa de un mar
eternamente grabado en mi mente
Jugueteará con mi cabello.