Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué lejos queda la niñez perdida,
entre los callejones de mis juegos.
Qué lejos va quedando la inocencia,
derrochada, malgastada, perdida
por el largo caminos de mi vida,
donde ya no cabe la ingenuidad.
Aun recuerdo con nostalgia mis viajes
bebiéndome la vida sin reparos.
sin frenos y marchando cuesta arriba,
sin límites y sin geografías.
Nostalgia de mis trenes juveniles,
partiendo de estaciones imaginarias.
por los andenes llenos de maletas,
repletas de ignorancia y utopías .
¿Cuándo, dónde y por qué se esfumaron?
Hoy, solo la nostalgia está conmigo.
Esa nostalgia que aferrada a los sueños
queda desgastada por los recuerdos
y se va haciendo una vieja mochila
por el viaje que empecé aquellos día
y… aquí estoy por esta cuesta abajo
donde voy gastando todos los tiempos.
¿Tal vez creéis que así todo es más fácil?
Descender, es caer, perder las alas
y a veces hasta es perder la memoria.
Es viajar en segunda, rellenando
los paisajes que se vuelven lejanos,
la multitud te asusta, e indefensa
ya dejas de oír el caer de las hojas
el aire no acaricia, te despeina,
huyes de ti, de la edad que aprisiona,
ley natural, que implacable te acosa.
Y se terminan los descubrimientos,
y las palabras son innecesarias
y tu voz se vuelve tan silenciosa
y es como un jardín vacío, sin pájaros.
miras el reloj, casi por inercia,
te quedas imperturbable, a la espera
¿Pero, a la espera de qué y para qué?
Si todos callan a tu alrededor
y tú vas disimulando y sonríes.
y te vistes con ropas juveniles,
vas ocultando las canas con tintes,
maquillas las arrugas y sonríes
y te invade que el amargor de la hiel
que remplaza las mieles de tu boca
que ya nadie la desea, ni besa
¿Te acuerdas? Me acuerdo, mas disimulo
porque aún yo siento el fuego del amor,
él fue el mejor compañero de viaje,
ebrios de pasión, compartimos sábanas.
Más ahora, estoy aquí en el andén,
diciendo adiós al tren de la nostalgia
El jefe de estación, da la señal
miro las ventanillas ¡y los veo!
Me hacen señales con sus manos jóvenes
me piden que corra, que suba con ellos.
Sonrío, dudo, dicen ¿Por qué no?
ávida de sueños y de esperanza
les digo ¿No sé dónde están mis alas?
¡Y de pronto las sentí entre mis hombros!
Salto entre aquel promiscuo tenderete
de maletas en rebajas, respiro...
Mi último tren, no quiero más nostalgia
no sé cuánto va a durar este viaje
Pero que importa...Rio y mis carcajadas
provocan las maliciosas miradas
de bocas desdentadas, que murmuran
y no entienden de criaturas aladas.
Cuando les digo adiós, ellos se asombran.
Es mi último tren, no voy renunciar.
pongo el pie en el estribo, subo al tren.
dejo la nostalgia y …Vuelvo a vivir.
entre los callejones de mis juegos.
Qué lejos va quedando la inocencia,
derrochada, malgastada, perdida
por el largo caminos de mi vida,
donde ya no cabe la ingenuidad.
Aun recuerdo con nostalgia mis viajes
bebiéndome la vida sin reparos.
sin frenos y marchando cuesta arriba,
sin límites y sin geografías.
Nostalgia de mis trenes juveniles,
partiendo de estaciones imaginarias.
por los andenes llenos de maletas,
repletas de ignorancia y utopías .
¿Cuándo, dónde y por qué se esfumaron?
Hoy, solo la nostalgia está conmigo.
Esa nostalgia que aferrada a los sueños
queda desgastada por los recuerdos
y se va haciendo una vieja mochila
por el viaje que empecé aquellos día
y… aquí estoy por esta cuesta abajo
donde voy gastando todos los tiempos.
¿Tal vez creéis que así todo es más fácil?
Descender, es caer, perder las alas
y a veces hasta es perder la memoria.
Es viajar en segunda, rellenando
los paisajes que se vuelven lejanos,
la multitud te asusta, e indefensa
ya dejas de oír el caer de las hojas
el aire no acaricia, te despeina,
huyes de ti, de la edad que aprisiona,
ley natural, que implacable te acosa.
Y se terminan los descubrimientos,
y las palabras son innecesarias
y tu voz se vuelve tan silenciosa
y es como un jardín vacío, sin pájaros.
miras el reloj, casi por inercia,
te quedas imperturbable, a la espera
¿Pero, a la espera de qué y para qué?
Si todos callan a tu alrededor
y tú vas disimulando y sonríes.
y te vistes con ropas juveniles,
vas ocultando las canas con tintes,
maquillas las arrugas y sonríes
y te invade que el amargor de la hiel
que remplaza las mieles de tu boca
que ya nadie la desea, ni besa
¿Te acuerdas? Me acuerdo, mas disimulo
porque aún yo siento el fuego del amor,
él fue el mejor compañero de viaje,
ebrios de pasión, compartimos sábanas.
Más ahora, estoy aquí en el andén,
diciendo adiós al tren de la nostalgia
El jefe de estación, da la señal
miro las ventanillas ¡y los veo!
Me hacen señales con sus manos jóvenes
me piden que corra, que suba con ellos.
Sonrío, dudo, dicen ¿Por qué no?
ávida de sueños y de esperanza
les digo ¿No sé dónde están mis alas?
¡Y de pronto las sentí entre mis hombros!
Salto entre aquel promiscuo tenderete
de maletas en rebajas, respiro...
Mi último tren, no quiero más nostalgia
no sé cuánto va a durar este viaje
Pero que importa...Rio y mis carcajadas
provocan las maliciosas miradas
de bocas desdentadas, que murmuran
y no entienden de criaturas aladas.
Cuando les digo adiós, ellos se asombran.
Es mi último tren, no voy renunciar.
pongo el pie en el estribo, subo al tren.
dejo la nostalgia y …Vuelvo a vivir.
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