musador
esperando...
Cuando sopla el norte duro
y su calor nos agobia
no tolero ni a mi novia
y me refugio en lo oscuro.
Pero el pampero seguro
que promete su consuelo
viene enrrollando en el cielo
un puro de nubarrones
cargado de chaparrones
que apagarán el flagelo.
El soplido del pampero
abre las puertas al sur
que renueva con su azur
el verde del aguacero.
Me siento entonces ligero
como el zorzal que feliz
ha atrapado una lombriz
entre el pasto reluciente:
el sur del norte demente
nos borra la cicatriz.
Estas décimas se basan en un ciclo habitual de los vientos en el verano de mi patria: a un tiempo agobiante y caluroso de viento norte le sigue el pampero, una tempestad del suroeste que despeja el aire y riega los suelos; al pampero le siguen tiempos de viento sur, días frescos y soleados. Hay un dicho que recuerdo en la primera estrofa, que dice: «norte duro, pampero seguro».
El cigarro de un pampero sobre el Río de la Plata.
y su calor nos agobia
no tolero ni a mi novia
y me refugio en lo oscuro.
Pero el pampero seguro
que promete su consuelo
viene enrrollando en el cielo
un puro de nubarrones
cargado de chaparrones
que apagarán el flagelo.
El soplido del pampero
abre las puertas al sur
que renueva con su azur
el verde del aguacero.
Me siento entonces ligero
como el zorzal que feliz
ha atrapado una lombriz
entre el pasto reluciente:
el sur del norte demente
nos borra la cicatriz.
Estas décimas se basan en un ciclo habitual de los vientos en el verano de mi patria: a un tiempo agobiante y caluroso de viento norte le sigue el pampero, una tempestad del suroeste que despeja el aire y riega los suelos; al pampero le siguen tiempos de viento sur, días frescos y soleados. Hay un dicho que recuerdo en la primera estrofa, que dice: «norte duro, pampero seguro».
El cigarro de un pampero sobre el Río de la Plata.
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