Noche en Lisboa

Pessoa

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Hoy, paseando algo perdido por los rincones de este pródigo foro como quien pasea por una vieja ciudad de la que le quedan muchos rincones por descubrir y admirar, he encontrado este vástago algo apartado, brotado de otra espléndida rama, vástago amorosamente cuidado por nuestra admirada y querida compañera Palmira, Uqbar para el foro. Hace ya tiempo que dejé la ciudad, ya no tengo la esquizofrénica, aunque rica, sensibilidad de los urbanitas. Pero la recuerdo en sus brillos y en sus muchas sombras. Algo he viajado y los posos de esos viajes han fructificado a veces, con el tiempo, en algún poema ya olvidado. Pero no he podido resistirme, a modo de espiritual regalo a la moderadora, a publicar aquí alguno de esos poemas. Hoy recupero uno que me inspiró Lisboa, patria de uno de los personajes que más me han influído y al que admiro profundamente en su persona y en su obra: Fernando Pessoa. Lisboa, tal vez la ciudad si no la más bella sí la que encuentro más mía, más como yo, hermosamente decadente, la más afín a mi sensibilidad melancólica, viendo discurrir al padre Tajo bajo su enorme puente y admitiendo con dulces ojos de mujer enamorada cómo el tiempo y los hombres van equivocando su forma de mirarla.



NOCHE EN LISBOA



Las calles son el último espejo del invierno

sobre ellas están muriendo los postreros resplandores del neón

que se disuelve en delicados encajes


Arriba, en su vano orgullo, permanecen encendidas las fachadas

que protegen las falsas intimidades de los hombres

celadas apenas por músicas estridentes y algún licor apropiado


Llega la noche, púdico manto de uniforme claridad no consumada

llega por fin la noche y los coches y las bellas secretarias

se acogen a su misterio, a falta de misterios propios


Qué humana es la ciudad en sus silencios, qué humana

en las líquidas transparencias de la lluvia sobre el asfalto

reblandecidas las crueles rigideces de las líneas sin origen


Apenas se oyen ya los chirridos de los últimos tranvías en Lisboa

haciendo universales sus lánguidos trayectos

Lisboa o San Francisco (California) unidos por esos agudos ecos


O el beodo trastabilleo de las luces de los puentes reflejados en el río

-siempre suele haber un río que refleje las luces de los puentes-

que indolentes alteran el síncrono crepitar de los semáforos


Ciudad borboteante como una herida de guerra

duerme en tu noche inconstante asaeteada por ladridos periféricos

duerme, bella ciudad mía, yo vigilaré tus puertas abiertas sobre el campo




 
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Hoy, paseando algo perdido por los rincones de este pródigo foro como quien pasea por una vieja ciudad de la que le quedan muchos rincones por descubrir y admirar, he encontrado este vástago algo apartado, brotado de otra espléndida rama, vástago amorosamente cuidado por nuestra admirada y querida compañera Palmira, Uqbar para el foro. Hace ya tiempo que dejé la ciudad, ya no tengo la esquizofrénica, aunque rica, sensibilidad de los urbanitas. Pero la recuerdo en sus brillos y en sus muchas sombras. Algo he viajado y los posos de esos viajes han fructificado a veces, con el tiempo, en algún poema ya olvidado. Pero no he podido resistirme, a modo de espiritual regalo a la moderadora, a publicar aquí alguno de esos poemas. Hoy recupero uno que me inspiró Lisboa, patria de uno de los personajes que más me han influído y al que admiro profundamente en su persona y en su obra: Fernando Pessoa. Lisboa, tal vez la ciudad si no la más bella sí la que encuentro más mía, más como yo, hermosamente decadente, la más afín a mi sensibilidad melancólica, viendo discurrir al padre Tajo bajo su enorme puente y admitiendo con dulces ojos de mujer enamorada cómo el tiempo y los hombres van equivocando su forma de mirarla.



NOCHE EN LISBOA



Las calles son el último espejo del invierno

sobre ellas están muriendo los postreros resplandores del neón

que se disuelve en delicados encajes


Arriba, en su vano orgullo, permanecen encendidas las fachadas

que protegen las falsas intimidades de los hombres

celadas apenas por músicas estridentes y algún licor apropiado


Llega la noche, púdico manto de uniforme claridad no consumada

llega por fin la noche y los coches y las bellas secretarias

se acogen a su misterio, a falta de misterios propios


Qué humana es la ciudad en sus silencios, qué humana

en las líquidas transparencias de la lluvia sobre el asfalto

reblandecidas las crueles rigideces de las líneas sin origen


Apenas se oyen ya los chirridos de los últimos tranvías en Lisboa

haciendo universales sus lánguidos trayectos

Lisboa o San Francisco (California) unidos por esos agudos ecos


O el beodo trastabilleo de las luces de los puentes reflejados en el río

-siempre suele haber un río que refleje las luces de los puentes-

que indolentes alteran el síncrono crepitar de los semáforos


Ciudad borboteante como una herida de guerra

duerme en tu noche inconstante asaeteada por ladridos periféricos

duerme, bella ciudad mía, yo vigilaré tus puertas abiertas sobre el campo




Estoy impresionada mi querido Miguel y muy agradecida de la impronta con la que has embelesado mis recuerdos de esa hermosa ciudad.
Heredé este foro como el que recibe una herencia de un pariente lejano, allende los mares, que mimó con esmero hasta sacarlo adelante y de pronto, me encontré con un tesoro de minorías pero que se va haciendo poquito a poco con bellezas como la tuya.
Siempre te relaciono con Lisboa, será por tu heterónimo y te imagino como has descrito la ciudad y a ti mismo en la introducción.

La última vez que la visité, deambule con mi cámara fotográfica por los rastrillos, el enorme "porto" rememorando a "Sostiene Pereira", me detuve en las pequeñas tascas a tomar un cafecito y charlar con la amabilidad personificada de aquellos que, siguen deseando contar sus historias a quien quiera escucharlas, y a las que soy adicta cuando el tiempo se detiene para mi.
Muchas son las sensaciones que me produjo y me sigue produciendo esa ciudad así que, doblemente agradecida por tu precioso poema y por enriquecer este rinconcillo.

Un gran abrazo con cariño Miguel
 
Estoy impresionada mi querido Miguel y muy agradecida de la impronta con la que has embelesado mis recuerdos de esa hermosa ciudad.
Heredé este foro como el que recibe una herencia de un pariente lejano, allende los mares, que mimó con esmero hasta sacarlo adelante y de pronto, me encontré con un tesoro de minorías pero que se va haciendo poquito a poco con bellezas como la tuya.
Siempre te relaciono con Lisboa, será por tu heterónimo y te imagino como has descrito la ciudad y a ti mismo en la introducción.

La última vez que la visité, deambule con mi cámara fotográfica por los rastrillos, el enorme "porto" rememorando a "Sostiene Pereira", me detuve en las pequeñas tascas a tomar un cafecito y charlar con la amabilidad personificada de aquellos que, siguen deseando contar sus historias a quien quiera escucharlas, y a las que soy adicta cuando el tiempo se detiene para mi.
Muchas son las sensaciones que me produjo y me sigue produciendo esa ciudad así que, doblemente agradecida por tu precioso poema y por enriquecer este rinconcillo.

Un gran abrazo con cariño Miguel

Jolin, que comentario tan bonito! Cuando te pones sita...

Buenos dias, el café esta mañana te habrá sabido especial.
 
Hoy, paseando algo perdido por los rincones de este pródigo foro como quien pasea por una vieja ciudad de la que le quedan muchos rincones por descubrir y admirar, he encontrado este vástago algo apartado, brotado de otra espléndida rama, vástago amorosamente cuidado por nuestra admirada y querida compañera Palmira, Uqbar para el foro. Hace ya tiempo que dejé la ciudad, ya no tengo la esquizofrénica, aunque rica, sensibilidad de los urbanitas. Pero la recuerdo en sus brillos y en sus muchas sombras. Algo he viajado y los posos de esos viajes han fructificado a veces, con el tiempo, en algún poema ya olvidado. Pero no he podido resistirme, a modo de espiritual regalo a la moderadora, a publicar aquí alguno de esos poemas. Hoy recupero uno que me inspiró Lisboa, patria de uno de los personajes que más me han influído y al que admiro profundamente en su persona y en su obra: Fernando Pessoa. Lisboa, tal vez la ciudad si no la más bella sí la que encuentro más mía, más como yo, hermosamente decadente, la más afín a mi sensibilidad melancólica, viendo discurrir al padre Tajo bajo su enorme puente y admitiendo con dulces ojos de mujer enamorada cómo el tiempo y los hombres van equivocando su forma de mirarla.



NOCHE EN LISBOA



Las calles son el último espejo del invierno

sobre ellas están muriendo los postreros resplandores del neón

que se disuelve en delicados encajes


Arriba, en su vano orgullo, permanecen encendidas las fachadas

que protegen las falsas intimidades de los hombres

celadas apenas por músicas estridentes y algún licor apropiado


Llega la noche, púdico manto de uniforme claridad no consumada

llega por fin la noche y los coches y las bellas secretarias

se acogen a su misterio, a falta de misterios propios


Qué humana es la ciudad en sus silencios, qué humana

en las líquidas transparencias de la lluvia sobre el asfalto

reblandecidas las crueles rigideces de las líneas sin origen


Apenas se oyen ya los chirridos de los últimos tranvías en Lisboa

haciendo universales sus lánguidos trayectos

Lisboa o San Francisco (California) unidos por esos agudos ecos


O el beodo trastabilleo de las luces de los puentes reflejados en el río

-siempre suele haber un río que refleje las luces de los puentes-

que indolentes alteran el síncrono crepitar de los semáforos


Ciudad borboteante como una herida de guerra

duerme en tu noche inconstante asaeteada por ladridos periféricos

duerme, bella ciudad mía, yo vigilaré tus puertas abiertas sobre el campo





La introducción previa al poema, preciosa, lo hace mas grande.

Y yo que no conozco Lisboa, y tengo muchas ganas de ir. Se que me encantaría. Solo la conozco de internet, y gracias que podemos intentar viajar a través de la pantalla.

Precioso detalle para nuestra Palmira.

Un saludo.
 
Excelsas pinceladas para describir la noche lisboeta, Visité esa ciudad con 12 años y no la recuerdo demasiado bien, si un día vuelvo me llevaré tu poema en el equipaje para así poder apreciarlo (más si cabe) en toda su belleza y dimensión.
Un verdadero placer de lectura, compañero. Un abrazo.
 
Muchas gracias, estimado compañero. Un viaje a Lisboa requiere, desde luego, una cierta preparación anímica para adentrarse en su belleza decadente. Te recomiendo la lectura de "Viaje a Portugal", de Saramago, en sus capítulos dedicados a esta ciudad y, sobre todo, "Lisboa, diario de a bordo", de José Cardoso Pires; hay, por supuesto una muy abundante bibliografía sobre el asunto, pero a mí particularmente son las que más me han satisfecho. Además, naturalmente, de un buen repaso al "Libro del desasosiego", de mi escritor de cabecera Fernando Pessoa. Viajar a Lisboa o a Portugal en general es toda una aventura espiritual. Merece la pena. Un cordial saludo,
miguel
 
Hola, elena morado. Te recomiendo vivamente que viajes a Lisboa, un viaje a ser posible sin prisas, que sea la propia ciudad quien te marque tiempos y ritmos. Pero vete preparada para lo mejor y para lo peor. Es, como ciertas mujeres, una ciudad con una especial belleza interior: hay que saber encontrarla. Pero creo que tú no tendrás dificultades. Recuerdos a Pessoa en "A brasileira." Muchas gracias por tu agradable comentario.
miguel
 
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