Una copa de rojo puro
descansa sobre la mesa
bajo el atento susurro
de la muerte de unas velas.
Las notas de un piano
juegan con la penumbra
encantando el rellano
para que la distancia lo sufra.
Al otro lado de la copa
descansa una figura
en una eterna lucha
por la estática de su sombra.
Una voz cálida
rompe el místico hechizo,
hundiendo su carita pálida
en unos rizos cobrizos.
Ambos admiran tranquilos
la sonora magia,
llena de estilo,
de pulcritud y elegancia.
Toco para vosotros,
toco todo cuanto sueño.
Toco para alegrar tus ojos,
toco para darme a los que quiero.
descansa sobre la mesa
bajo el atento susurro
de la muerte de unas velas.
Las notas de un piano
juegan con la penumbra
encantando el rellano
para que la distancia lo sufra.
Al otro lado de la copa
descansa una figura
en una eterna lucha
por la estática de su sombra.
Una voz cálida
rompe el místico hechizo,
hundiendo su carita pálida
en unos rizos cobrizos.
Ambos admiran tranquilos
la sonora magia,
llena de estilo,
de pulcritud y elegancia.
Toco para vosotros,
toco todo cuanto sueño.
Toco para alegrar tus ojos,
toco para darme a los que quiero.