JovaQuintero
Poeta recién llegado
¿Quién podría culparla? La realidad para Alondra era como ese sopor de la niebla que dejaba ver tesoros y pesadillas siempre estando demasiado cerca. Demasiado cerca para gritar, demasiado cerca para sonreír o llorar. Su única excepción fue Sebastián. Sebastián con su bata blanca, hablándole con esa amabilidad fría que tienen las personas acostumbradas a catalogar pacientes con frases incendiarias, como aquella que le arrancó las lágrimas.
- Tal vez no es porque, sino para qué. ¿En el para qué, está tu deseo de proteger a quien amas sin importar cuánto dolor tengas que soportar-
— sí, - dijo Alondra para después volver a su estado ausente. Se dirigió hacia una estancia de ventales amplios, a un jardín donde se escuchaban las aves, el viento, el sonido metálico de un columpio; donde había un olor a rosas y roció.
—Si pudieras regresar el tiempo, elegir-— continuo, Sebastián, solo para ser interrumpido por Alondra diciendo en voz alta —-Si lo volvería hacer—, lo volvería hacer no como yo deseo, sino como fue. -
Otra vez demasiado cerca, para Alondra. Era ese abrazo que deseaba tanto y que era disuelto por la niebla que provocaba un pinchazo en el brazo.
Sebastián dejó en blanco el dictamen médico. Era la primera vez que estaba de acuerdo con un paciente psiquiátrico. Las palabras resonaban, “lo volvería a hacer, no como yo deseo”
Sebastian empezo a garabatear algo en la arena que quedaba en la mesa. Un recipiente para relajar en el que cualquiera podia hacer las formas que desease sobre la arena que contenia el recipiente.
En Secreto Sebastian deseaba dejar en libertad a Alondra. Pronto debia decidir sobre sus obciones
- Tal vez no es porque, sino para qué. ¿En el para qué, está tu deseo de proteger a quien amas sin importar cuánto dolor tengas que soportar-
— sí, - dijo Alondra para después volver a su estado ausente. Se dirigió hacia una estancia de ventales amplios, a un jardín donde se escuchaban las aves, el viento, el sonido metálico de un columpio; donde había un olor a rosas y roció.
—Si pudieras regresar el tiempo, elegir-— continuo, Sebastián, solo para ser interrumpido por Alondra diciendo en voz alta —-Si lo volvería hacer—, lo volvería hacer no como yo deseo, sino como fue. -
Otra vez demasiado cerca, para Alondra. Era ese abrazo que deseaba tanto y que era disuelto por la niebla que provocaba un pinchazo en el brazo.
Sebastián dejó en blanco el dictamen médico. Era la primera vez que estaba de acuerdo con un paciente psiquiátrico. Las palabras resonaban, “lo volvería a hacer, no como yo deseo”
Sebastian empezo a garabatear algo en la arena que quedaba en la mesa. Un recipiente para relajar en el que cualquiera podia hacer las formas que desease sobre la arena que contenia el recipiente.
En Secreto Sebastian deseaba dejar en libertad a Alondra. Pronto debia decidir sobre sus obciones
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