Naumaquias para veranos calurosos

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NAUMAQUIAS PARA VERANOS CALUROSOS

Brotan negras las lágrimas
de las colosales estatuas de los héroes.


Los suspiros de los amantes agraviados
mueven con suavidad las cebadas tal que ofrendas,
cabelleras rubias extendidas en los campos antiguos.

El verano está clavado como espina o como vidrio
en las interminables llanuras donde muere el asfodelo
y es precisa una naumaquia refrescante.

Las demoiselles se agostan y sus sirvientes
no pueden ofrecerles más que sangre,
la sangre oscura como vino de los héroes caídos en la batalla,
pero ellas desean la sangre que da vida a sus cuerpos juveniles,
a los cuerpos ágiles, ardorosos, hechos para el placer hasta la muerte.

Lejos ya los tiempos del champán y del perfume,
de las rosas y las gardenias que morían en los atardeceres dorados,
iluminando los ojales floridos de los galanes sicalípticos.

Ahora son los nuevos tiempos donde ríen los cadáveres
junto a las esculturas que adornan sus sepulcros,
son los nuevos tiempos en los que se añoran las naumaquias y los juegos,
escuchando las bien templadas liras de los aedos ciegos de Safo.

El mar en la lejanía es como un ojo inmenso del cielo
que mira tiernamente dolorido por no poder escuchar
los cánticos juveniles.

Los niños han tejido las guirnaldas
y los efebos morenos los barquitos de papel
con los que combatirán entre canciones y amagos de tormentas,
bajo las nubes, sobre las olas, ahítos de vino negro,
efebos entrenados para las más deliciosas batallas del amor transido.

Los campos de lejanías infinitas,
los campos de las cebadas en sazón, campos de fin de verano,
los campos que nunca vieron el espejo nublado
del mar al atardecer.

Campos de chopos enhiestos, baupreses verticales,
precursores vegetales de clepsidras y templos pinaculares,
rígidos dedos como rayos apagados que señalan
el oculto alojamiento de los dioses
en las noches clarilunares, donde se disuelven las estrellas.

Tiempos nuevos que devienen alborozados
en recreadores de las antiguas usanzas
como esta de la naumaquia
para veranos calurosos en los campos de secano.

Es absurdo el deseo de los hombres,
tan absurdo como infinita la paciencia de sus dioses.

 
NAUMAQUIAS PARA VERANOS CALUROSOS

Brotan negras las lágrimas
de las colosales estatuas de los héroes.


Los suspiros de los amantes agraviados
mueven con suavidad las cebadas tal que ofrendas,
cabelleras rubias extendidas en los campos antiguos.

El verano está clavado como espina o como vidrio
en las interminables llanuras donde muere el asfodelo
y es precisa una naumaquia refrescante.

Las demoiselles se agostan y sus sirvientes
no pueden ofrecerles más que sangre,
la sangre oscura como vino de los héroes caídos en la batalla,
pero ellas desean la sangre que da vida a sus cuerpos juveniles,
a los cuerpos ágiles, ardorosos, hechos para el placer hasta la muerte.

Lejos ya los tiempos del champán y del perfume,
de las rosas y las gardenias que morían en los atardeceres dorados,
iluminando los ojales floridos de los galanes sicalípticos.

Ahora son los nuevos tiempos donde ríen los cadáveres
junto a las esculturas que adornan sus sepulcros,
son los nuevos tiempos en los que se añoran las naumaquias y los juegos,
escuchando las bien templadas liras de los aedos ciegos de Safo.

El mar en la lejanía es como un ojo inmenso del cielo
que mira tiernamente dolorido por no poder escuchar
los cánticos juveniles.

Los niños han tejido las guirnaldas
y los efebos morenos los barquitos de papel
con los que combatirán entre canciones y amagos de tormentas,
bajo las nubes, sobre las olas, ahítos de vino negro,
efebos entrenados para las más deliciosas batallas del amor transido.

Los campos de lejanías infinitas,
los campos de las cebadas en sazón, campos de fin de verano,
los campos que nunca vieron el espejo nublado
del mar al atardecer.

Campos de chopos enhiestos, baupreses verticales,
precursores vegetales de clepsidras y templos pinaculares,
rígidos dedos como rayos apagados que señalan
el oculto alojamiento de los dioses
en las noches clarilunares, donde se disuelven las estrellas.

Tiempos nuevos que devienen alborozados
en recreadores de las antiguas usanzas
como esta de la naumaquia
para veranos calurosos en los campos de secano.

Es absurdo el deseo de los hombres,
tan absurdo como infinita la paciencia de sus dioses.
Maravilloso vocabulario y un racimo de hermosas imágenes para elegir.
Cómo decía una buena amiga mía: Te aplaudo de pie. Feliz verano, un abrazo.
 
Última edición:
NAUMAQUIAS PARA VERANOS CALUROSOS

Brotan negras las lágrimas
de las colosales estatuas de los héroes.


Los suspiros de los amantes agraviados
mueven con suavidad las cebadas tal que ofrendas,
cabelleras rubias extendidas en los campos antiguos.

El verano está clavado como espina o como vidrio
en las interminables llanuras donde muere el asfodelo
y es precisa una naumaquia refrescante.

Las demoiselles se agostan y sus sirvientes
no pueden ofrecerles más que sangre,
la sangre oscura como vino de los héroes caídos en la batalla,
pero ellas desean la sangre que da vida a sus cuerpos juveniles,
a los cuerpos ágiles, ardorosos, hechos para el placer hasta la muerte.

Lejos ya los tiempos del champán y del perfume,
de las rosas y las gardenias que morían en los atardeceres dorados,
iluminando los ojales floridos de los galanes sicalípticos.

Ahora son los nuevos tiempos donde ríen los cadáveres
junto a las esculturas que adornan sus sepulcros,
son los nuevos tiempos en los que se añoran las naumaquias y los juegos,
escuchando las bien templadas liras de los aedos ciegos de Safo.

El mar en la lejanía es como un ojo inmenso del cielo
que mira tiernamente dolorido por no poder escuchar
los cánticos juveniles.

Los niños han tejido las guirnaldas
y los efebos morenos los barquitos de papel
con los que combatirán entre canciones y amagos de tormentas,
bajo las nubes, sobre las olas, ahítos de vino negro,
efebos entrenados para las más deliciosas batallas del amor transido.

Los campos de lejanías infinitas,
los campos de las cebadas en sazón, campos de fin de verano,
los campos que nunca vieron el espejo nublado
del mar al atardecer.

Campos de chopos enhiestos, baupreses verticales,
precursores vegetales de clepsidras y templos pinaculares,
rígidos dedos como rayos apagados que señalan
el oculto alojamiento de los dioses
en las noches clarilunares, donde se disuelven las estrellas.

Tiempos nuevos que devienen alborozados
en recreadores de las antiguas usanzas
como esta de la naumaquia
para veranos calurosos en los campos de secano.

Es absurdo el deseo de los hombres,
tan absurdo como infinita la paciencia de sus dioses.
La naturaleza de los campos infinitos y la persistencia de las tradiciones clásicas como una respuesta al deseo humano frente a la paciencia divina.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Maravilloso vocabulario y un racimo de hermosas imágenes para elegir.
Cómo decía una buena amiga mía: Te aplaudo de pie. Feliz verano, un abrazo.
Muchas gracias, Rosario, por tu generoso comentario. Aunque ahora las naumaquias se celebren en las piscinas municipales, aquí, en nuestra Extremadura natal, podemos disfrutar de las piscinas naturales que han proiferado en os pueblos del norte. Estásn a tu disposición. Un cordial saludo,
miguel
 
La naturaleza de los campos infinitos y la persistencia de las tradiciones clásicas como una respuesta al deseo humano frente a la paciencia divina.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
Gracias, Alde mi muy fiel lector. Desde esa Habana mítica, o mitificada, recibo tus comentarios con el añadido del frescor tropical de esa tierra. Un cordial saludo,
miguel
 
Muchas gracias, Rosario, por tu generoso comentario. Aunque ahora las naumaquias se celebren en las piscinas municipales, aquí, en nuestra Extremadura natal, podemos disfrutar de las piscinas naturales que han proiferado en os pueblos del norte. Estásn a tu disposición. Un cordial saludo,
miguel
Muy cerquita tengo La Garganta de los Infiernos (Los pilones ) en el Valle del Jerte
pero hay mucho donde elegir en pocos kilómetros.
Gracias a ti, compañero y paisano, por hacerme trabajar
y buscar el significado de alguna que otra palabrabrita que no conozco
es bueno seguir aprendiendo.;) Saludos cordiales.
 
Última edición:
Lo del nasfodelo y la naumaquia me recuerda aquellos tiempos de la eufótida y la desopilancia...
¿Por qué será?

Un abrazo.
Hubo un tiempo, que ahora llaman tiempos oscuros, pero que hoy aparecen como resplandecientes, en los que por mor de las circunstancias con apenas treinta palabras se tejían hermosos discursos y, aún, sesudos artículos periodísticos. Asfodelo y naumaquia no figuraban entre ellas. Y es que nuestro idioma tiene tal riqueza que puede permitirse el lujo de prescindir de muchas de sus palabras y poder seguir construyendo todo un lujo de variadas obras de arte. Pero un tal Góngora nos inoculó el veneno, dulce y sutil, de las palabras de lujo. Como los salones "pa enseñar" de las casas de los ricos de pueblo. Y también otro "maldito", D. José Mª Pemán, escribió aquello de: "lujo y elegancia de una raza vieja/ que gasta diez duros en vino y almejas/ vendiendo una cosa que no vale tres." Que viene a ser lo mismo... Muchas gracias, doña, or su presencia.
miguel
 

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