Natalia Ginzburg, la naturalidad deslumbrante
Esta narradora, de escritura humilde y lúcida, transparente y precisa, fue una maestra en la elección de las palabras.
En el año 1936 contrajo matrimonio con el activista antifascista Leone Ginzburg, uno de los fundadores de la editorial Einaudi, a quien conoció cuando ambos trabajaban allí. Viajaron a Abruzzos, donde el régimen fascista había desterrado a Leone.
Su primera novela, El camino que lleva a la ciudad, la escribió en aquella región de Italia, y fue publicada en 1942, el mismo año en que su marido fue ejecutado en Roma.
Cuando finalizó la II Guerra Mundial regresó a Einaudi como editora. Allí contrajo matrimonio conGabriele Baldini en 1950.
Entre sus obras destacan: Todos nuestros ayeres (1952), Las voces de las noches (1961), Léxico familiar (1963) y La ciudad y la casa (1984).
Esta narradora, de escritura humilde y lúcida, transparente y precisa, fue una maestra en la elección de las palabras.
En el año 1936 contrajo matrimonio con el activista antifascista Leone Ginzburg, uno de los fundadores de la editorial Einaudi, a quien conoció cuando ambos trabajaban allí. Viajaron a Abruzzos, donde el régimen fascista había desterrado a Leone.
Su primera novela, El camino que lleva a la ciudad, la escribió en aquella región de Italia, y fue publicada en 1942, el mismo año en que su marido fue ejecutado en Roma.
Cuando finalizó la II Guerra Mundial regresó a Einaudi como editora. Allí contrajo matrimonio conGabriele Baldini en 1950.
Entre sus obras destacan: Todos nuestros ayeres (1952), Las voces de las noches (1961), Léxico familiar (1963) y La ciudad y la casa (1984).
Estaciones
Quien ha olvidado el invierno
No merece la primavera,
Quien ha olvidado el campo
No debe caminar por la ciudad.
La chica salía sola
Y amaba caminar en silencio:
Como no usaba sombrero,
No agradaba a la gente.
Sus hombros curvos y flacos
Decían: no quiero a nadie;
Yo sólo quiero
Caminar por la ciudad.
Quien no reconoce el rostro
De la pasión no debe
No debe existir en el mundo.
La chica que fumaba, tendida
En el sofá, que callaba sola,
No necesita olvidarla:
Si ha terminado su tiempo,
Su cuerpo ha dado hijos,
Como lo hace una mujer.
Quien ha visto el cielo en el ocaso,
No debe olvidar la mañana,
Porque la vida que nos es dada
Es esta: morir y nacer,
Nacer y morir, cada día.
La chica que salía en silencio
No está más, pero quizá sus hijos,
Nacidos de su cuerpo, un día
Querrán salir solos,
En silencio, a desafiar a la gente.
[1941]
Cuaderno de poemas. «Memoria» dedicado a su esposo muerto. Natalia Ginzburg
La gente va y viene por las calles,
hace sus compras, camina a sus asuntos
con los rostros vulgares y felices,
con el grato bullicio de costumbre.
Levantaste el lienzo para mirar su rostro,
te inclinaste a besarlo con el gesto de siempre.
Y era el rostro de siempre, pero era la última vez,
quizá tan solo un poco más cansado.
Su ropa también era la de siempre.
Y los zapatos eran los de siempre. Y las manos
eran las manos que partían el pan,
vertían el vino y la alegría.
Todavía hoy cada minuto que pasa
vuelves a levantar el lienzo,
a mirar su rostro por última vez.
Si caminas por las calles, no hay nadie junto a ti.
Si tienes miedo, nadie te coje la mano.
Y no es tuya la calle, no es tuya la ciudad
alegre y confiada y de los otros,
de los hombres que van y vienen
comprando el pan, la fruta y el periódico.
Puedes asomarte a la ventana
contemplar en silencio el oscuro jardín:
nadie vendrá a tu lado,
nadie te dará fuerzas para entrar en la noche.
Antes cuando llorabas había una voz serena,
antes cuando reías alguien reía contigo.
Pero una puerta se ha cerrado para siempre,
para siempre se ha apagado un fuego,
tu juventud es ya una casa vacía
para siempre.
https://www.spreaker.com/episode/el-y-yo-natalia-ginzburg--41252407
Dos relatos que son la muestra de la "naturalidad deslumbrante" de su escritura, humilde, lúcida, transparente.
Quien ha olvidado el invierno
No merece la primavera,
Quien ha olvidado el campo
No debe caminar por la ciudad.
La chica salía sola
Y amaba caminar en silencio:
Como no usaba sombrero,
No agradaba a la gente.
Sus hombros curvos y flacos
Decían: no quiero a nadie;
Yo sólo quiero
Caminar por la ciudad.
Quien no reconoce el rostro
De la pasión no debe
No debe existir en el mundo.
La chica que fumaba, tendida
En el sofá, que callaba sola,
No necesita olvidarla:
Si ha terminado su tiempo,
Su cuerpo ha dado hijos,
Como lo hace una mujer.
Quien ha visto el cielo en el ocaso,
No debe olvidar la mañana,
Porque la vida que nos es dada
Es esta: morir y nacer,
Nacer y morir, cada día.
La chica que salía en silencio
No está más, pero quizá sus hijos,
Nacidos de su cuerpo, un día
Querrán salir solos,
En silencio, a desafiar a la gente.
[1941]
Cuaderno de poemas. «Memoria» dedicado a su esposo muerto. Natalia Ginzburg
La gente va y viene por las calles,
hace sus compras, camina a sus asuntos
con los rostros vulgares y felices,
con el grato bullicio de costumbre.
Levantaste el lienzo para mirar su rostro,
te inclinaste a besarlo con el gesto de siempre.
Y era el rostro de siempre, pero era la última vez,
quizá tan solo un poco más cansado.
Su ropa también era la de siempre.
Y los zapatos eran los de siempre. Y las manos
eran las manos que partían el pan,
vertían el vino y la alegría.
Todavía hoy cada minuto que pasa
vuelves a levantar el lienzo,
a mirar su rostro por última vez.
Si caminas por las calles, no hay nadie junto a ti.
Si tienes miedo, nadie te coje la mano.
Y no es tuya la calle, no es tuya la ciudad
alegre y confiada y de los otros,
de los hombres que van y vienen
comprando el pan, la fruta y el periódico.
Puedes asomarte a la ventana
contemplar en silencio el oscuro jardín:
nadie vendrá a tu lado,
nadie te dará fuerzas para entrar en la noche.
Antes cuando llorabas había una voz serena,
antes cuando reías alguien reía contigo.
Pero una puerta se ha cerrado para siempre,
para siempre se ha apagado un fuego,
tu juventud es ya una casa vacía
para siempre.
https://www.spreaker.com/episode/el-y-yo-natalia-ginzburg--41252407
Dos relatos que son la muestra de la "naturalidad deslumbrante" de su escritura, humilde, lúcida, transparente.
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