tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Reordenaré mis obsesiones y me lanzaré al ocaso.
Será tan difícil descorrer la mirada y desmembrar la fascinación que causa una palabra de aliento…unos minutos mas, y el pensamiento se habrá materializado, y así, podré justificar la razón suprasensible de esta caída hacia el éter.
Si hasta el sopor de las horas lóbregas, resbalaran sin remedio, ante el contacto con las almas clementes.
Nada oscilará entre las llamas del abismo.
Puedo soltarme sin la absolución.
Desde la adjunción de un trozo de imagen cita dentro de mis sueños, hasta la niebla drizada copulando esporas, sabrán de mi dolor lacerado.
No es tan profunda la perversión.
Solo es un terco y perplejo adarme.
Será solamente mezquindad.
Será mentira.
Naderías.
Acaso un poco de sarcasmo, no vendría nada mal a estos dichos.
Suero de los lamentos imprácticos.
Irrelevantes.
Irreverencia soez.
Cuasi caprichosamente disipada, invisible y maldita.
No le encontraré nombre a mi pena.
Tal vez sea cansancio estival.
Pues odio al verano, el calor de la tierra posándose en mis huesos.
Y la sonrisa que provoca sol.
Frágil tentación de esta flor de mi abstracción.
Sistemática, deliberada y metódica, pero tan rudimentaria a la vez.
Que moriría por gritar que es solo una más de mis tendencias al contrasentido.
Pero hay una parte mía.
Sedicente.
Que goza con ese no se qué.
Esa oscura y sublimada parálisis del mal absurdo.
Será tan difícil descorrer la mirada y desmembrar la fascinación que causa una palabra de aliento…unos minutos mas, y el pensamiento se habrá materializado, y así, podré justificar la razón suprasensible de esta caída hacia el éter.
Si hasta el sopor de las horas lóbregas, resbalaran sin remedio, ante el contacto con las almas clementes.
Nada oscilará entre las llamas del abismo.
Puedo soltarme sin la absolución.
Desde la adjunción de un trozo de imagen cita dentro de mis sueños, hasta la niebla drizada copulando esporas, sabrán de mi dolor lacerado.
No es tan profunda la perversión.
Solo es un terco y perplejo adarme.
Será solamente mezquindad.
Será mentira.
Naderías.
Acaso un poco de sarcasmo, no vendría nada mal a estos dichos.
Suero de los lamentos imprácticos.
Irrelevantes.
Irreverencia soez.
Cuasi caprichosamente disipada, invisible y maldita.
No le encontraré nombre a mi pena.
Tal vez sea cansancio estival.
Pues odio al verano, el calor de la tierra posándose en mis huesos.
Y la sonrisa que provoca sol.
Frágil tentación de esta flor de mi abstracción.
Sistemática, deliberada y metódica, pero tan rudimentaria a la vez.
Que moriría por gritar que es solo una más de mis tendencias al contrasentido.
Pero hay una parte mía.
Sedicente.
Que goza con ese no se qué.
Esa oscura y sublimada parálisis del mal absurdo.