Nacimiento de una ciudad

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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Moderadores
A mi querida compañera Uqbar. Este subforo merece más frecuentación y vida. Aquí le dejo (os dejo) un recuerdo y una pequeña emoción. (Servidor, en algún tiempo, fue constructor de ciudades...)

NACIMIENTO DE UNA CIUDAD

En el principio fue el cuadrado.


El pájaro dejó la sombra



y floreció el árbol



antes que la primera casa.




En el principio, pero en otro tiempo,


llegó el hombre con sus máscaras.



Y dibujaron la plaza.



Nadie, todavía,



pensó en la fuente y su canto,



dejando así el hueco libre



al ruido de los motores.




Alrededor de la plaza todavía silenciosa,


fluyeron calles y bares,



restaurantes para obreros,



tiendas de lujo, un intento de Ayuntamiento,



casas para okupas y migrantes,



panaderías modestas y talleres de confección.




En la acera soleada


alguien pensó en colocar un banco,



otro banco más tranquilo,



para descanso de ancianos.




Sobre el cuadrado primitivo


se alzaron torres y músicas,



sobre el primitivo cuadrado



se inventaron las elipses,



los dodecaedros de ángulos desiguales



- sólidos deformados -



y los raperos inventores del nuevo silencio



brindaban con las birras desbafadas



poniendo música a los murales



del artista callejero.




Alguien que había viajado


pensó que aquello no tenía nombre



y pensó llamarlo ciudad



y así la ciudad sería suya,



pues sabido es que quien da nombre



toma posesión de lo nombrado.




Era hermosa la ciudad


sin tranvías todavía



sin apenas nubes de otoño



sin saltimbanquis multicolores



con sus ancianos sentados



en los bancos que apenas



estaban recién inventados.


La ciudad, una idea sobre un cuadrado,



crecía y crecía.

El cuadro ya estaba olvidado



y el árbol florecido



antes de la primera casa



lucía inscripciones,



fechas y nombres de enamorados.



La ciudad era quimera,



utopía que había soñado



un labrantín ilustrado



a quien en tiempos atrás



sus campos le fueran robados



para construir otra ciudad



sin árboles ni sólidos deformados.




La ciudad sobre (o junto al) cuadrado


nació apenas sin alma,



o con un alma pequeñita



que le prestó junto a sus trinos



el primer pájaro.






No estaba previsto tal lujo



en los planos que jamás se diseñaron.



Los ancianos en sus bancos



- pero no los otros bancos



de cristal y acero templado -



el pequeño ya gran árbol



los enamorados anónimos



y algún perro perreando



le construyeron el alma



que los camareros latinos



nos iba suministrando



como tapa alimenticia



junto a una birra bien tirada.






Hoy sigue siendo utopía



aquella cuidad que nació



sobre (o junto) al cuadrado,



una apenas plaza sin fuente



y un arbolito desmedrado



y las calles que brotaron silenciosas



al calor de las noches de verano.





 
A mi querida compañera Uqbar. Este subforo merece más frecuentación y vida. Aquí le dejo (os dejo) un recuerdo y una pequeña emoción. (Servidor, en algún tiempo, fue constructor de ciudades...)

NACIMIENTO DE UNA CIUDAD

En el principio fue el cuadrado.


El pájaro dejó la sombra



y floreció el árbol



antes que la primera casa.




En el principio, pero en otro tiempo,


llegó el hombre con sus máscaras.



Y dibujaron la plaza.



Nadie, todavía,



pensó en la fuente y su canto,



dejando así el hueco libre



al ruido de los motores.




Alrededor de la plaza todavía silenciosa,


fluyeron calles y bares,



restaurantes para obreros,



tiendas de lujo, un intento de Ayuntamiento,



casas para okupas y migrantes,



panaderías modestas y talleres de confección.




En la acera soleada


alguien pensó en colocar un banco,



otro banco más tranquilo,



para descanso de ancianos.




Sobre el cuadrado primitivo


se alzaron torres y músicas,



sobre el primitivo cuadrado



se inventaron las elipses,



los dodecaedros de ángulos desiguales



- sólidos deformados -



y los raperos inventores del nuevo silencio



brindaban con las birras desbafadas



poniendo música a los murales



del artista callejero.




Alguien que había viajado


pensó que aquello no tenía nombre



y pensó llamarlo ciudad



y así la ciudad sería suya,



pues sabido es que quien da nombre



toma posesión de lo nombrado.




Era hermosa la ciudad


sin tranvías todavía



sin apenas nubes de otoño



sin saltimbanquis multicolores



con sus ancianos sentados



en los bancos que apenas



estaban recién inventados.


La ciudad, una idea sobre un cuadrado,



crecía y crecía.

El cuadro ya estaba olvidado



y el árbol florecido



antes de la primera casa



lucía inscripciones,



fechas y nombres de enamorados.



La ciudad era quimera,



utopía que había soñado



un labrantín ilustrado



a quien en tiempos atrás



sus campos le fueran robados



para construir otra ciudad



sin árboles ni sólidos deformados.




La ciudad sobre (o junto al) cuadrado


nació apenas sin alma,



o con un alma pequeñita



que le prestó junto a sus trinos



el primer pájaro.






No estaba previsto tal lujo



en los planos que jamás se diseñaron.



Los ancianos en sus bancos



- pero no los otros bancos



de cristal y acero templado -



el pequeño ya gran árbol



los enamorados anónimos



y algún perro perreando



le construyeron el alma



que los camareros latinos



nos iba suministrando



como tapa alimenticia



junto a una birra bien tirada.






Hoy sigue siendo utopía



aquella cuidad que nació



sobre (o junto) al cuadrado,



una apenas plaza sin fuente



y un arbolito desmedrado



y las calles que brotaron silenciosas



al calor de las noches de verano.







Muy bonito Pessoa. felicitaciones.
 
A mi querida compañera Uqbar. Este subforo merece más frecuentación y vida. Aquí le dejo (os dejo) un recuerdo y una pequeña emoción. (Servidor, en algún tiempo, fue constructor de ciudades...)

NACIMIENTO DE UNA CIUDAD

En el principio fue el cuadrado.


El pájaro dejó la sombra



y floreció el árbol



antes que la primera casa.




En el principio, pero en otro tiempo,


llegó el hombre con sus máscaras.



Y dibujaron la plaza.



Nadie, todavía,



pensó en la fuente y su canto,



dejando así el hueco libre



al ruido de los motores.




Alrededor de la plaza todavía silenciosa,


fluyeron calles y bares,



restaurantes para obreros,



tiendas de lujo, un intento de Ayuntamiento,



casas para okupas y migrantes,



panaderías modestas y talleres de confección.




En la acera soleada


alguien pensó en colocar un banco,



otro banco más tranquilo,



para descanso de ancianos.




Sobre el cuadrado primitivo


se alzaron torres y músicas,



sobre el primitivo cuadrado



se inventaron las elipses,



los dodecaedros de ángulos desiguales



- sólidos deformados -



y los raperos inventores del nuevo silencio



brindaban con las birras desbafadas



poniendo música a los murales



del artista callejero.




Alguien que había viajado


pensó que aquello no tenía nombre



y pensó llamarlo ciudad



y así la ciudad sería suya,



pues sabido es que quien da nombre



toma posesión de lo nombrado.




Era hermosa la ciudad


sin tranvías todavía



sin apenas nubes de otoño



sin saltimbanquis multicolores



con sus ancianos sentados



en los bancos que apenas



estaban recién inventados.


La ciudad, una idea sobre un cuadrado,



crecía y crecía.

El cuadro ya estaba olvidado



y el árbol florecido



antes de la primera casa



lucía inscripciones,



fechas y nombres de enamorados.



La ciudad era quimera,



utopía que había soñado



un labrantín ilustrado



a quien en tiempos atrás



sus campos le fueran robados



para construir otra ciudad



sin árboles ni sólidos deformados.




La ciudad sobre (o junto al) cuadrado


nació apenas sin alma,



o con un alma pequeñita



que le prestó junto a sus trinos



el primer pájaro.






No estaba previsto tal lujo



en los planos que jamás se diseñaron.



Los ancianos en sus bancos



- pero no los otros bancos



de cristal y acero templado -



el pequeño ya gran árbol



los enamorados anónimos



y algún perro perreando



le construyeron el alma



que los camareros latinos



nos iba suministrando



como tapa alimenticia



junto a una birra bien tirada.






Hoy sigue siendo utopía



aquella cuidad que nació



sobre (o junto) al cuadrado,



una apenas plaza sin fuente



y un arbolito desmedrado



y las calles que brotaron silenciosas



al calor de las noches de verano.






Los cuatros primeros versos conformarían un buen poema. Me gustó. Ciertamente una utopía una sciudad sencilla y silenciosa. Qué maravilla si así fuese. Cada vez más alejada de eso.
Abrazos, amigo.
 
Hola, Luis Adolfo. Efectivamente los modelos de ciudad siempre han sido utópicos. Los que hemos vivido, o vivís, en grandes ciudades sabemos lo necesaria que esa utopía para alcanzar algún día esa ciudad perfecta. Pero, por ahora, creo que tendremos que seguir esperando... o buscar un pueblecito agradable para estimular nuestra creatividad. Un abrazo, amigo,
miguel
 
A mi querida compañera Uqbar. Este subforo merece más frecuentación y vida. Aquí le dejo (os dejo) un recuerdo y una pequeña emoción. (Servidor, en algún tiempo, fue constructor de ciudades...)

Es un hermoso regalo para este foro mi querido amigo. Precisamente me he acordado mucho de ti en este periodo vacacional en el que he estado recorriendo el país de tu avatar, y como no, visitando la librería Lello donde adquirí dos libros de poemas de Pessoa. Un regalo para los sentidos en todo el conjunto.


Me gusta cómo has ido dando cuerpo, poco a poco desde las mismas raíces, hasta culminar en la copa de esta urbe que podría ser cualquiera, pero que se nota que la has ido visualizando con la profundidad de ese sentir tan especial que te caracteriza.

Gracias por partida doble, ahora que he vuelto, espero centrarme un poco y dejar algún registro de esa vivencia que acabo de tener.

Un gran abrazo!!

Palmira
 
Bienvuelta a casa, querida Palmira. Cargada de las emociones del viaje, sobre todo un viaje tan sugestivo como es el de Portugal. Yo estuve cerca, unos días por Las Hurdes cacereñas, tierra aledaña a la portuguesa, una asignatrura que trenía pendientre desde chico y que, desgraciadamente, tendrá forzosamente que seguir pendiente: aquellas Hurdes no son las que yo esperaba. Y tú con visita a ese universo maravilloso de la Livraria Lello, en Oporto. Te envidio. Me alegro que te haya gustado el poema. Espero recuperar algún otro sobre ese tema apasionante como es la vida urbana y sus escenarios. Aunque mis musas se han vuelto, por ahora, musarañas. Y yo contemplándolas. Un cordial abrazo mediterráneo,
miguel
 

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