musador
esperando...
Este asunto de las bombas
es cosa tan increíble...:
solo parece factible
por la magia del montaje,
pido a mis versos coraje
para decir lo indecible.
Un tal Osama Bin Laden
en un tiempo combatía
financiado por la cía
contra el negro comunismo;
era bueno su extremismo,
los junta dios y los cría.
Por ese entonces hicieron
las cuevas de la montaña,
guaridos en su maraña
aguantaban bombardeos
que rusos malos y feos
lanzaban con mala entraña.
Pero en un cuento de hadas
todo puede suceder,
y así vino a acontecer
que los rusos recularon
y un tiempo después llegaron
talibanes al poder.
El tal Osama Bin Laden
tranquilito parecía,
ya qué temer no tenía,
pero se supo después
que preparaba esta vez
una terrible osadía.
En las fauces del imperio
y con sus propios aviones
realizó sus ilusiones:
tumbó las torres gemelas
con las terribles secuelas
que sufrimos por montones.
La cabeza del Osama
los rambiformes querían,
varios países serían
territorios arrasados
por los ogros desatados
que sus tierras invadían.
Lo encontraron al final
y le dieron mala muerte,
aunque dicen que por suerte
honras fúnebres le dieron,
que siempre los yanquis fueron
respetuosos del más Fuerte.
El extremismo cundió
como fuego en la maleza,
con espantosa fiereza
se organizó el califato
donde al que no les es grato
le cercenan la cabeza.
Paradojas de la historia:
las cuevas de la montaña
protegieron con su saña
a los nuevos extremistas
que no habiendo comunistas
son de pésima calaña.
------------------
Madre de todas las bombas
que como reina de abejas
sin cesar pares arvejas
cargadas de destrucción:
da a los niños compasión,
libéralos de las rejas.
No te quedes tan tranquila
mirando crecer tu panza,
siembra la nueva esperanza
para los pobres demócratas
liberándolos de autócratas
que predican la matanza.
Generosa bomba madre,
con tu cuerpo santifica
al que la guerra predica
por el bien de las finanzas,
cantaremos alabanzas
al que la muerte vindica.
A los malos en sus cuevas
con sus niños y mujeres
muéstrate tal como eres,
contaremos bien los muertos
sin dudar en los asertos:
que se sepa lo que quieres.
es cosa tan increíble...:
solo parece factible
por la magia del montaje,
pido a mis versos coraje
para decir lo indecible.
Un tal Osama Bin Laden
en un tiempo combatía
financiado por la cía
contra el negro comunismo;
era bueno su extremismo,
los junta dios y los cría.
Por ese entonces hicieron
las cuevas de la montaña,
guaridos en su maraña
aguantaban bombardeos
que rusos malos y feos
lanzaban con mala entraña.
Pero en un cuento de hadas
todo puede suceder,
y así vino a acontecer
que los rusos recularon
y un tiempo después llegaron
talibanes al poder.
El tal Osama Bin Laden
tranquilito parecía,
ya qué temer no tenía,
pero se supo después
que preparaba esta vez
una terrible osadía.
En las fauces del imperio
y con sus propios aviones
realizó sus ilusiones:
tumbó las torres gemelas
con las terribles secuelas
que sufrimos por montones.
La cabeza del Osama
los rambiformes querían,
varios países serían
territorios arrasados
por los ogros desatados
que sus tierras invadían.
Lo encontraron al final
y le dieron mala muerte,
aunque dicen que por suerte
honras fúnebres le dieron,
que siempre los yanquis fueron
respetuosos del más Fuerte.
El extremismo cundió
como fuego en la maleza,
con espantosa fiereza
se organizó el califato
donde al que no les es grato
le cercenan la cabeza.
Paradojas de la historia:
las cuevas de la montaña
protegieron con su saña
a los nuevos extremistas
que no habiendo comunistas
son de pésima calaña.
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Madre de todas las bombas
que como reina de abejas
sin cesar pares arvejas
cargadas de destrucción:
da a los niños compasión,
libéralos de las rejas.
No te quedes tan tranquila
mirando crecer tu panza,
siembra la nueva esperanza
para los pobres demócratas
liberándolos de autócratas
que predican la matanza.
Generosa bomba madre,
con tu cuerpo santifica
al que la guerra predica
por el bien de las finanzas,
cantaremos alabanzas
al que la muerte vindica.
A los malos en sus cuevas
con sus niños y mujeres
muéstrate tal como eres,
contaremos bien los muertos
sin dudar en los asertos:
que se sepa lo que quieres.
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