La voz de la infancia (soneto blanco)
No quieras redimir con mi penuria
tu pecado de gula, tu miseria,
con tu vientre de sapo complacido
y ese puro en tu boca mentirosa.
Despreciable sepulcro blanqueado,
¿de qué abismo te vienes a salvar?,
yo gano mis batallas a la muerte,
cien veces cada día la derroto.
¿Quieres ganarte el cielo con mi infierno
y hacer de mi pobreza tu virtud?
pues... ¡devuélvele el canto al ruiseñor!,
¡las estrellas al manto de mi noche!
¡haz que cese mi madre de gemir!
y a mi hermano ¡devuélvele la vida!
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