Vinieron tus manos cálidas a cerrar mis ojos.
Vinieron tus manos tibias de cariño a tocar mi rostro
dormido en la oscuridad
ajeno a tu presencia compartida en el alma.
Vinieron tus ojos a mirarme
entre sueños y anhelos.
Vinieron
y se fueron.
Desapareciendo en la sombra
confusa en la que me sumo
cuando se van
tus manos cálidas tras cerrar mis ojos.