Osidiria
Poeta asiduo al portal
MI OTRA MITAD Y YO
Mi otra mitad y yo
estamos destinados a ver el mundo cada uno desde un lado distinto,
uno sigue creyendo que el agua se puede convertir en vino,
mientras que el otro carga una y otra vez contra los molinos
sin más armas que unas pocas letras en los bolsillos.
La noche y su remanso de paz le sirven al aventurero
para practicar el tiro al blanco contra las estrellas,
el otro, el apocado, el más timorato de los dos,
se esconde detrás de la prudencia
y va dando saltitos en la corriente del silencio,
como en un río de piedra en piedra,
hasta alcanzar la otra orilla de la paz y el sosiego,
lejos del polvo que levantan los cascos de los caballos
que pasan al galope por su puerta.
Mi otra mitad y yo somos uno multiplicado por dos,
quien nos busca nos encuentra, eso sí,
cada uno obedeciendo a su instinto de supervivencia,
el cazador es intrépido,
le gusta pescar en aguas revueltas,
el erudito sin embargo,
es más de mirar al mundo desde su sillón
y echar las redes del pensamiento en la meditación a ver qué pesca,
a veces son como el fuego y el agua,
pero por lo general se llevan bien, se respetan,
y así, entre ellos y yo,
vamos haciendo camino con el destino como meta.
***
**
*
estamos destinados a ver el mundo cada uno desde un lado distinto,
uno sigue creyendo que el agua se puede convertir en vino,
mientras que el otro carga una y otra vez contra los molinos
sin más armas que unas pocas letras en los bolsillos.
La noche y su remanso de paz le sirven al aventurero
para practicar el tiro al blanco contra las estrellas,
el otro, el apocado, el más timorato de los dos,
se esconde detrás de la prudencia
y va dando saltitos en la corriente del silencio,
como en un río de piedra en piedra,
hasta alcanzar la otra orilla de la paz y el sosiego,
lejos del polvo que levantan los cascos de los caballos
que pasan al galope por su puerta.
Mi otra mitad y yo somos uno multiplicado por dos,
quien nos busca nos encuentra, eso sí,
cada uno obedeciendo a su instinto de supervivencia,
el cazador es intrépido,
le gusta pescar en aguas revueltas,
el erudito sin embargo,
es más de mirar al mundo desde su sillón
y echar las redes del pensamiento en la meditación a ver qué pesca,
a veces son como el fuego y el agua,
pero por lo general se llevan bien, se respetan,
y así, entre ellos y yo,
vamos haciendo camino con el destino como meta.
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