Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eran casi las 6 de la mañana, una hora no apta para levantarme. Mis ojos casi cerrados solo contemplaban la inmensidad de este día y me empujaban a pensarte. Hice mil cosas para tratar de evitarlo. Invente mil ocupaciones para ocultar tu lejanía y como un espejismo caía sobre mí una y otra vez tus recuerdos.
Agotada de tanto luchar contra mis sentimientos le abrí la puerta a la nostalgia y me senté a tomar un café con ella.
Incomprensiblemente comenzamos a reímos de los recuerdos: De las tardes alucinadas en la esquina de tu calle. De las muchas veces que profanamos tu cama con la euforia de amarnos. De las madrugadas frías en que acurrucaba mi alma a tu almohada para mirar extasiada el volar de las gaviotas en tu ventana.
Reímos también al evocar tu intrépida risa la misma que recorre mis sentidos cada vez que te pienso.
Y al finalizar el día terminamos siendo tan amigas Mi compañera la nostalgia abrazo cada una de mis palabras. Me dio a beber de los sueños que creí tener olvidados y fue entonces que la risa dejo de ser fingida para convertirse en el manjar de este día.
Fue dulce escucharle decir que tú me amabas y que cada vez que te pienso tu también me estas pensando. Dice que de noche cierras tus ojos para imaginarme en frente tuyo y que el sonar de nuestros besos y la premura de nuestras caricias hace que retumbe toda la casa.
Eso me hizo sentir una brisa muy diferente, un tanto más apacible.
Ya no me importa si el reloj es mi cómplice para tu regreso, porque comprendí que nunca te alejaste. No me interesa saber si la noche es mas larga o mas corta, porque estas en cada momento de ella. Y que más da si el día esta oscuro, tenue, triste, o terriblemente asoleado si la bruma que lo cobijaba calló al saber que camino contigo donde quiera que vayas. Estas aquí y es lo que me importa.
Si vivo o muero lo haré feliz comprendiendo que la vida se congracio conmigo el día que nos conocimos. Y que la burla que ufanado quiso darme el destino ya no existe, pues tu cara, tu voz, tus versos, tus palabras dulces y hasta tus mismas lagrimas vertidas cada vez que nos vemos, son el refugio de mi corazón endeble, que hoy se hace mas fuerte tan solo de pensarte.