Descansó mi cuerpo de sus agitadas tareas,
Sin embargo, despertó mi alma, para iniciar en la noche su faena;
en el recuerdo, en la nostalgia, en la alegría, en la frustrada palabra y
en deseos que afanaron el camino de esta día.
Tanto vi, tanto escuché y no sé por qué: igual me siento en un vacío…
Nada atrapé de la esquiva vida; sino mas bien me fui vaciando
en cada hora, en cada encuentro.
No soy yo, nada tengo, solo el deseo y muchas veces, o casi siempre,
ni siquiera un intento.
Tanto vivido y aprendido y tantas veces conocimientos repetidos y,
sin embargo, soy cada vez más frágil, más aprendiz;
pero a la vez soy, como un viejo sabio,
conocedor de aquello, ya antes conocido,
ya aprendido y ya vivido.
¡No! , no quiero ser aguafiestas ni quitar la emoción al
que comienza. Por eso paso a su lado como quien no sabe,
pues no quiero apagar con mi experiencia la novedosa sorpresa
de quien comienza a andar por su ruta.
Callo y muero a mis saberes y me siento nuevamente
un aprendiz de tantos saberes ya aprendidos.