La poesía no se lee… se deshace
lentamente en la boca del silencio,
como un fruto que guarda en su presencia
la verdad que el instante no nos dice.
No basta con rozarla con los ojos,
ni dejar que resbale entre los labios;
hay que hincarle el diente a cada verso,
y dejar que nos sangre en lo más hondo.
Hay que entrar en su piel, sin resistencia,
y habitar cada imagen, cada pausa,
como quien se sumerge en un abismo
sin buscar otra orilla que su alma.
Porque el poema es no se entrega ni se explica
al que pasa… ligero y distraído;
solo al que se detiene y lo mastica
le revela su pulso, mas humano y escondido.
lentamente en la boca del silencio,
como un fruto que guarda en su presencia
la verdad que el instante no nos dice.
No basta con rozarla con los ojos,
ni dejar que resbale entre los labios;
hay que hincarle el diente a cada verso,
y dejar que nos sangre en lo más hondo.
Hay que entrar en su piel, sin resistencia,
y habitar cada imagen, cada pausa,
como quien se sumerge en un abismo
sin buscar otra orilla que su alma.
Porque el poema es no se entrega ni se explica
al que pasa… ligero y distraído;
solo al que se detiene y lo mastica
le revela su pulso, mas humano y escondido.