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¡Más maderaaa!



Creyéndola verdadera
fui tras ella ilusionado.
Le cantaba un bello fado
siguiéndola por la acera,
mas solo fue una quimera.
Verán, llegó hasta la esquina,
se metió en una cabina
y llamó, pero al momento
ya no estaba. ¡Qué tormento!,
me voy para la cantina.



 
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De privarme de chuletas
ni pensarlo, de eso nada;
si lo crees, estás tarada.
No está dentro de mis metas,
-como los anacoretas-,
practicar la penitencia
y reducir la existencia
a mera contemplación,
que a mí me gusta el morcón*
y vivir en la opulencia.


*El morcón murciano está elaborado con magro de cerdo de primera calidad, es un embutido.
 
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La estrella que más brillare
en noches de luna nueva
será aquella en que yo beba
fuese néctar o curare
si de tus labios brotare

Fontana de amor herido
estrella que impide olvido
con ese fúlgido brillo
ante el cual yo me arrodillo

como un triste perrito huído
 
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Como un triste perro* huido,
con el rabo entre las patas,
hilvané mil peroratas
sin haberte convencido
que dejaras tu marido
y aunque tengo buen aguante
disposición y talante
estoy presto a renunciar,
no sin antes preguntar:
¿convienes en ser mi amante?

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¿Convienes en ser mi amante?,
me ha preguntado Roberto
pero resulta que es tuerto
y no usa desodorante,
creo que le daré plante.
¿Tú qué opinas, Josefina?
Pues que te dirán cochina
si dejas a tu marido,
y él dará más de un berrido
si no te ve en la cocina.


 
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Que os pudiera divertir
sin que el tren vaya despacio,
y aunque sea breve el espacio
un chiste voy a decir:

En unos baños, por cierto,
se encontraba un general
al que hicieron un injerto
de piel, sin dejar señal.

Pusieron en su trasero
la del glúteo de un teniente,
y esa vez un majadero
le agarraba ahí sonriente.

El general simplemente
ni cuenta se estaba dando,
y le dijo su asistente:
Señor lo están pellizcando.

Y el general muy sincero,
le contestó escuetamente:
No hay problema compañero,
porque son las del teniente.
 
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