Edith Elvira Colqui Rojas
Poeta recién llegado
En la marioneta del aire
juega la vida a ser feliz;
en su corazón de manzana
ha parido una gata un pichón.
Obra de teatro mal montada es la vida,
sus payasos y acróbatas a veces no dan risa;
una voz de sirena nos avisa
que terminó el sueño,
que salta en la manzana la realidad.
En la nariz de su techo
hay gusanillos de soberbia
pululando;
esos visigodos nunca serán felices,
arán y harán su propio hueso de vanidad.
Una lechuza poeta escribe las memorias
de lo que fue y de lo que no volverá a ser;
agallas para vivir hay que tener.
Un silencio diminuto habla en voz alta,
pero nadie le escucha;
el ruido es el campeón gigante del mundo,
el centro de la manzana
es un ave fugaz.
¿Olvidé mi libro de cuentas,
alguien lo ha visto?
¡Qué noche tan ruidosa
persigue al hombre!
Llena de calaveras, plátanos ilusos
y banderines de corazones rotos.
El huevo de la vida rompe su cascarón
y salen nadando en su tafetán azul
peces con cara de hombres.
Necesito un iris de espejo poliédrico
para ver las capas de la vida;
quizás una lupa cuadrada
para hacer juego con su ancha estupidez
y su vanidad de ciempiés.
Dalí y sus bigotes están alterados,
no les avisé que hoy
bailaba charlestón la vida en mi poemario,
pero igual su genialidad de Júpiter y estrellas
brilla en el espacio de los locos sabios.
Edith Elvira Colqui Rojas - Perú ©
juega la vida a ser feliz;
en su corazón de manzana
ha parido una gata un pichón.
Obra de teatro mal montada es la vida,
sus payasos y acróbatas a veces no dan risa;
una voz de sirena nos avisa
que terminó el sueño,
que salta en la manzana la realidad.
En la nariz de su techo
hay gusanillos de soberbia
pululando;
esos visigodos nunca serán felices,
arán y harán su propio hueso de vanidad.
Una lechuza poeta escribe las memorias
de lo que fue y de lo que no volverá a ser;
agallas para vivir hay que tener.
Un silencio diminuto habla en voz alta,
pero nadie le escucha;
el ruido es el campeón gigante del mundo,
el centro de la manzana
es un ave fugaz.
¿Olvidé mi libro de cuentas,
alguien lo ha visto?
¡Qué noche tan ruidosa
persigue al hombre!
Llena de calaveras, plátanos ilusos
y banderines de corazones rotos.
El huevo de la vida rompe su cascarón
y salen nadando en su tafetán azul
peces con cara de hombres.
Necesito un iris de espejo poliédrico
para ver las capas de la vida;
quizás una lupa cuadrada
para hacer juego con su ancha estupidez
y su vanidad de ciempiés.
Dalí y sus bigotes están alterados,
no les avisé que hoy
bailaba charlestón la vida en mi poemario,
pero igual su genialidad de Júpiter y estrellas
brilla en el espacio de los locos sabios.
Edith Elvira Colqui Rojas - Perú ©