Manto mudo de la yerba
que cruza los valles fríos,
va jugando entre tus trenzas
con sabor de adelfas y ríos.
De la noche siento envidia,
alondra de negra planta,
que roza tu piel de savia
mientras la luna te canta.
Tu silueta es un abeto
de seda clara y perfume,
que resguarda tu latido
en el rubor que presume.
Y esa risa de manzana,
fruto de fuego abierto,
va dejando por la senda
aroma de pan y huerto.
Miro tu andar de azucena,
tu paso de nube y trino,
y tengo celos del viento
que roza tu cuerpo fino.
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