Mañana la vere de nuevo (Fin)

LOLA PEREZ

Poeta veterano en el portal
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Al día siguiente Julieta no acudió a las clases, Alejandro se puso un tanto nervioso, pensó: ayer jugamos juntos, estaba bien, el muchacho pasó una mañana inquieta, no se decidía a llamar por teléfono, la profesora les puso tarea para el día siguiente.
Comió intranquilo, su mamá le noto inquietud y le pregunto si había tenido problemas en la escuela, no, no todo fue bien.
Subió a su cuarto y no se centraba en nada, al final decidió decirle a su mamá, me voy a estudiar a casa de Julieta, ella le miro con ternura y pensó; estos niños se gustan, esbozo una sonrisa.
Por el camino hacia la casa de Julieta llenó su cabeza de pensamientos, el temor de que algo la hubiera pasado le intranquilizo.
Estuvo a punto de darse la vuelta y no proseguir el camino pero algo más fuerte le impedía hacerlo.
¡Caray, la chica le gustaba mucho!
Al llegar a la verja vio a Julieta en el jardín, le pareció más bella que nunca, él nervioso le dijo; hola, ella volvió la mirada con cara de sorpresa y sus lindos ojos se iluminaron al ver allí a Alejandro, él dijo que llevaba los trabajos de la escuela, si quieres los podemos hacer juntos.
La niña le explico que fue con su mamá al oculista, tal vez tendría que ponerse gafas, ella estaba un poco molesta con la situación (gafas, que rollo) él le dijo: seguro estarás guapísima, ella se ruborizo.
No le gustaba la idea, pues en la escuela, cuando alguien se pone gafas los otros chicos se ríen, bueno, hasta que se acostumbran.
Trabajaron con entusiasmo y una vez acabaron las tareas salieron a jugar con otros amiguitos.
A la semana siguiente Julieta acudió a clase con gafas, ninguno de los niños hizo el más mínimo gesto de burla, Julieta llevaba las gafas cómo si de una corona de reina se tratara, Alejandro le había dicho que seguro estaría guapísima y ella con gran orgullo, llevaba sus gafas.
Al salir de clase él le dio un beso en la mejilla, ella le dijo: ¡gracias!
Julieta sintió que gracias a Alejandro las gafas no fueron un obstáculo para ella.
Siguieron cómo buenos amigos, sentían algo especial el uno hacia el otro.
Cada día iban a la escuela con la ilusión del encuentro.
 
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Al día siguiente Julieta no acudió a las clases, Alejandro se puso un tanto nervioso, pensó: ayer jugamos juntos, estaba bien, el muchacho pasó una mañana inquieta, no se decidía a llamar por teléfono, la profesora les puso tarea para el día siguiente.
Comió intranquilo, su mamá le noto inquietud y le pregunto si había tenido problemas en la escuela, no, no todo fue bien.
Subió a su cuarto y no se centraba en nada, al final decidió decirle a su mamá, me voy a estudiar a casa de Julieta, ella le miro con ternura y pensó; estos niños se gustan, esbozo una sonrisa.
Por el camino hacia la casa de Julieta llenó su cabeza de pensamientos, el temor de que algo la hubiera pasado le intranquilizo.
Estuvo a punto de darse la vuelta y no proseguir el camino pero algo más fuerte le impedía hacerlo.
¡Caray, la chica le gustaba mucho!
Al llegar a la verja vio a Julieta en el jardín, le pareció más bella que nunca, él nervioso le dijo; hola, ella volvió la mirada con cara de sorpresa y sus lindos ojos se iluminaron al ver allí a Alejandro, él dijo que llevaba los trabajos de la escuela, si quieres los podemos hacer juntos.
La niña le explico que fue con su mamá al oculista, tal vez tendría que ponerse gafas, ella estaba un poco molesta con la situación (gafas, que rollo) él le dijo: seguro estarás guapísima, ella se ruborizo.
No le gustaba la idea, pues en la escuela, cuando alguien se pone gafas los otros chicos se ríen, bueno, hasta que se acostumbran.
Trabajaron con entusiasmo y una vez acabaron las tareas salieron a jugar con otros amiguitos.
A la semana siguiente Julieta acudió a clase con gafas, ninguno de los niños hizo el más mínimo gesto de burla, Julieta llevaba las gafas cómo si de una corona de reina se tratara, Alejandro le había dicho que seguro estaría guapísima y ella con gran orgullo, llevaba sus gafas.
Al salir de clase él le dio un beso en la mejilla, ella le dijo: ¡gracias!
Julieta sintió que gracias a Alejandro las gafas no fueron un obstáculo para ella.
Siguieron cómo buenos amigos, sentían algo especial el uno hacia el otro.
Cada día iban a la escuela con la ilusión del encuentro.

Belleza, simplemente belleza... Te mando estrellas.
Un abrazo, hada que eres un hada.¡Guapa!
te quiero
Rosario
 

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