LOLA PEREZ
Poeta veterano en el portal
Al día siguiente Alejandro se levantó de la cama como un ciclón, desayunó sin protestar de nada y recogiendo sus cosas salió raudo hacía la escuela, sólo tenía un pensamiento Julieta
A Julieta le pasaba otro tanto de lo mismo, pensaba como estaría Alejandro pues con los nervios se olvidó el paraguas y tuvo que llegar calado hasta los huesos a su casa, pensaba ¿estará enfermo, habrá ido a la escuela?
Llegaron casi al mismo tiempo, en otras ocasiones casi ni se saludaban, tan sólo se miraban a hurtadillas, pero después del encuentro casual y gracias a la lluvia, tuvieron una bella tarde, ya se sentían amigos.
Julieta estaba un poco nerviosilla, pues Alejandro le parecía el chico más guapo de la escuela y era muy amable y simpático.
A la hora del recreo Alejandro aprovechó para preguntarle como habían ido las clases y si el tema que les presento la profesora lo entendió bien, ella le contesto que, bueno regular y le dijo: si quieres ésta tarde te pasas por casa y lo estudiamos juntos.
¡Que picara era Julieta! y que bien se las ingenió para poder ver al muchacho fuera de clase.
Al llegar a casa Julieta le dijo a su mamá que podían entre las dos preparar una merienda pues Alejando venía a repasar con ella los trabajos de clase y después podían merendar y jugar un ratito.
Alejandro salió de casa con un entusiasmo fuera de lo normal, Julieta le parecía la chica que más le gustaba en este mundo.
Los dos estaban entusiasmados, trabajaron con mucho ahínco y después de terminar con la tarea, se dispusieron a merendar, habían preparado, zumo de naranja, tostadas y unas chocolatinas, Julieta sabía que a Alejandro le encantaba el chocolate.
Después se fueron un rato a jugar al jardín también regaron las flores, estaban un tanto nerviosos, la mamá de la niña le dijo ¿Pero si ha llovido muchísimo, qué haces regando las flores? Su papá y su mamá se miraron y en sus miradas había complicidad.
Continuara...
Lola Pérez
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