Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Los hijos de la vida se tuercen en la niebla.
¡Ay hombre! ¡Que pobre estirpe la tuya!
Sin siquiera saborear la ilusión de la perversidad.
Gozando de un tumulto de inmundicia entre los aires.
¡Ay muerte! ¿Qué tan lejos están tus garras de
mis brazos? La lluvia me enceguece a través
de este abismo espinoso. Cien mil dagas atraviesan
las autopistas abiertas, como un huracán de fuego
en el horizonte, medios pasos de hierba seca, y
negras lágrimas de codicia sobre un puente
a medio construir. ¡Ah! Escenario sombrío
que escapa al unicornio de los desaparecidos.
Si a un hálito de pensamientos le quitases
la inocencia, se vuelve hombre, y se corroe
y pervierte a cuchilladas. Sangre y petróleo
emanarán de sus venas, y aunque el terremoto
sacuda sus genes y costumbres, se ceñirá
a su corsé y andará maquillado de blanco
inmaculado, cual Pierrot solitario y abandonado
a la medianoche. Cristalinos poemas de maravilla
caerán con maldiciones al suelo helado, sofocante
de terror, y solamente un cuerno de plata quedará
en el templo religioso. De la ignominia a los altares.
De la lujuria a la inmortalidad. Del millonésimo
par de piernas al infierno lustroso y magnánimo de
los evangelizados.
¡Ay hombre! ¡Que pobre estirpe la tuya!
Sin siquiera saborear la ilusión de la perversidad.
Gozando de un tumulto de inmundicia entre los aires.
¡Ay muerte! ¿Qué tan lejos están tus garras de
mis brazos? La lluvia me enceguece a través
de este abismo espinoso. Cien mil dagas atraviesan
las autopistas abiertas, como un huracán de fuego
en el horizonte, medios pasos de hierba seca, y
negras lágrimas de codicia sobre un puente
a medio construir. ¡Ah! Escenario sombrío
que escapa al unicornio de los desaparecidos.
Si a un hálito de pensamientos le quitases
la inocencia, se vuelve hombre, y se corroe
y pervierte a cuchilladas. Sangre y petróleo
emanarán de sus venas, y aunque el terremoto
sacuda sus genes y costumbres, se ceñirá
a su corsé y andará maquillado de blanco
inmaculado, cual Pierrot solitario y abandonado
a la medianoche. Cristalinos poemas de maravilla
caerán con maldiciones al suelo helado, sofocante
de terror, y solamente un cuerno de plata quedará
en el templo religioso. De la ignominia a los altares.
De la lujuria a la inmortalidad. Del millonésimo
par de piernas al infierno lustroso y magnánimo de
los evangelizados.