alex lilith
Poeta recién llegado
El detonador,
el corazón,
el alma,
aguardan en fragmentos de poesía.
La propia muerte se esfuma en
lirios de composiciones plurales;
descartando el miedo de este mundo realista,
se desgarran, se muerden,
se cuecen y se pudren,
se golpean y se besan,
se pierden y se olvidan.
En sus sillas del sueño; las serpientes
depositan su veneno, cuanto se divierten,
divagando por el estomago;
son tan rápidas como los relámpagos
tan fuertes como las montañas;
pero igual de austeras en sus
caminatas circulares.
las pobres flores
nadan en un rió de sangre;
separando las costuras de lo qué
algún día fue un corazón,
afirmando que tan solo somos,
dueño de nuestro propio patíbulo,
dueños de nuestra carne,
dueños de dios!!!
Las canteras vacías qué se tuercen a través del sonido;
hierven los fluidos del viento y
calman la desgracia de la juventud…
las manos, cansadas de tocar los pensamientos,
inundan la desolación y
la transportan a los
candelabros de piel que admiraba;
solían derretirse en los ojos de piedra,
dando paso a los gusanos;
versos qué siguen siendo iguales
al anterior, vociferantes.
Mientras más pienso,
mas me pierdo en el océano de las imágenes;
jugando con el infinito y la gangrena exquisita de
los ecos del silencio absoluto.
A.LLITH
el corazón,
el alma,
aguardan en fragmentos de poesía.
La propia muerte se esfuma en
lirios de composiciones plurales;
descartando el miedo de este mundo realista,
se desgarran, se muerden,
se cuecen y se pudren,
se golpean y se besan,
se pierden y se olvidan.
En sus sillas del sueño; las serpientes
depositan su veneno, cuanto se divierten,
divagando por el estomago;
son tan rápidas como los relámpagos
tan fuertes como las montañas;
pero igual de austeras en sus
caminatas circulares.
las pobres flores
nadan en un rió de sangre;
separando las costuras de lo qué
algún día fue un corazón,
afirmando que tan solo somos,
dueño de nuestro propio patíbulo,
dueños de nuestra carne,
dueños de dios!!!
Las canteras vacías qué se tuercen a través del sonido;
hierven los fluidos del viento y
calman la desgracia de la juventud…
las manos, cansadas de tocar los pensamientos,
inundan la desolación y
la transportan a los
candelabros de piel que admiraba;
solían derretirse en los ojos de piedra,
dando paso a los gusanos;
versos qué siguen siendo iguales
al anterior, vociferantes.
Mientras más pienso,
mas me pierdo en el océano de las imágenes;
jugando con el infinito y la gangrena exquisita de
los ecos del silencio absoluto.
A.LLITH
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