J. Enrique
Poeta recién llegado
Que lejos estoy de los cerezos.
Que lejos estoy de su presencia.
Allí va mi alma, allí van mis rezos,
para aliviar la falta de tu esencia.
Las blancas flores de sus ramas,
ramilletes de aromas fragantes
me atormentan por si aún me amas.
Tal y como me amabas antes.
Las flores que vienen todos los años,
no sé si son signos de buenaventura,
o son signos de algunos desengaños.
Que hagan de tu vida unalenta tortura
Que lejos estoy de ti, mi gran amor,
no tan solo por la maldita distancia,
si no también por este espinado dolor.
Que me recuerda tu hermosa fragancia.
Te añoro en cada segundo de mi vida,
sufriendo por saber cuánto más sufriré,
hoy te doy por olvidada, por perdida.
Mañana al ver las flores, más recordaré.
Que lejos estoy de los cerezos.
Que lejos estoy de su presencia.
Allí va mi alma, allí van mis rezos,
para aliviar la falta de su esencia.
Que lejos estoy de su presencia.
Allí va mi alma, allí van mis rezos,
para aliviar la falta de tu esencia.
Las blancas flores de sus ramas,
ramilletes de aromas fragantes
me atormentan por si aún me amas.
Tal y como me amabas antes.
Las flores que vienen todos los años,
no sé si son signos de buenaventura,
o son signos de algunos desengaños.
Que hagan de tu vida unalenta tortura
Que lejos estoy de ti, mi gran amor,
no tan solo por la maldita distancia,
si no también por este espinado dolor.
Que me recuerda tu hermosa fragancia.
Te añoro en cada segundo de mi vida,
sufriendo por saber cuánto más sufriré,
hoy te doy por olvidada, por perdida.
Mañana al ver las flores, más recordaré.
Que lejos estoy de los cerezos.
Que lejos estoy de su presencia.
Allí va mi alma, allí van mis rezos,
para aliviar la falta de su esencia.
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