Como ángeles al caer el sol, ellas eran el último rayo de esperanza en aquella lúgubre y gélida ciudad; llevaban sus cestas atestadas de bocadillos y termos de chocolate caliente, luciendo como siempre sus cálidas sonrisas. Una multitud de seres hambrientos se les acercaban guardando un orden que parecía brotar de la única posesión que aún les quedaba: su dignidad. Surgían de distintas partes de la ciudad, en busca de la única comida del día; amparándose en la oscuridad de la noche, trataban de ocultar su identidad; Se habían multiplicado en poco tiempo convirtiéndose en, "los hijos de la calle".
Última edición: