Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
11/06/2024
Las olas siguen rugiendo,como niños hambrientos,
andando y superando
sus propias lenguas,
que susurran
lo innombrable;
y el cielo despegado despierta
las manos del viejo dios
para forjar perlas
tristes y nostálgicas,
de sal e hidrógeno,
bendecidas por el viento.
El movimiento contonea los cuerpos
de los seres de Neptuno, siempre temerosos
de la fuerza telúrica, y siguen el rugido
hasta las costas donde a veces van a encallar.
El plash de la ola se asemeja al reloj que suena
en la vieja estancia donde espera, quién sabe quién,
hasta que el sueño llega, y lo hace caer todo
al fondo tranquilo, olvidado y secreto.
La tranquilidad es tan perfecta que no se ve
la terrible hélice que mueve las corrientes,
y todo parece movido por un Demiurgo,
ficción propia de las algas que ocultan
los tesoros del mundo.
Cuando la marea tranquila choca con la roca,
parece el escudo de Diomedes, y Afrodita
se parte poco a poco entre las mareas iniciales.
La piedra se asemeja a una muralla asaltada por el hombre,
y aun así es tan impotente como Safo por no tener
a una muchacha, similar a las nereidas,
que cantasen mejor que las sirenas,
entre los golpes de martillo anhelando
alcanzar unos ojos glaucos que entiendan
las aguas transparentes de camaleón.
A veces la piel acuática tiene el tono de la ceniza,
y parece resto de cíclopes; pero solamente
tienen la tristeza de la espuma.
Todos los pelos del mar y del sol bailan,
pero nunca consuman.
Todos los seres del cielo atacan los dominios del mar,
pero nunca se sumergen.
Todos los seres del mar quieren ver los pétalos de luz,
pero nunca llegan.
Todos los sueños del mar naufragan porque es titánica,
pero siempre hay marinos.
Todos podrían mirar al mar y encontrarse consigo mismos,
y marearía y
todos pensarían en Narciso al caer enamorado,
y recordarían
todas las ganas, fuerzas y la necesidad de alcanzar un sueño,
pero no se puede.
El agua sigue combinada, gota a gota,
unidad inmensa de átomos, chocando entre sí y con otros,
en una forma, y esa forma se fusiona con la arena,
como un vestido estrellado, una luna de día.
La sedimentación marina deja regalos como
el vaso del sediento, y la sorpresa
cede a las horribles pesadillas del plástico y la basura vegetal.
La borrachera del mar ha recolectado el amor
de las manos humanas.
Arroja ahora su protesta como si ya pudiéramos huir
con Odiseo a ninguna ciudad.
Todavía las mareas brillan en el horizonte,
y eso emociona a los neófitos de Tierra adentro.
Los hijos del mar quieren volver a la seguridad
donde la roca les acoge.