Las hamacas no son para dormir

OscarCortazar

Poeta recién llegado
¿A quién se le ocurrió la disparatada idea de que las hamacas son para dormir? ¿Quién fue el simplón divulgador de semejante leyenda? Por esa deficiente regla de tres, los escritorios deberían usarse para trabajar, las mangueras para arrojar agua sobre las plantas y los lapiceros para escribir en papel. Semejante pensamiento pragmático me resulta de una estrechez aberrante. Qué insolencia. Qué falta de creatividad. Qué atropello al ingenio del género humano.
Por ese sendero casi no se llega a ninguna parte. Con esos convencionalismos, al final resultará que las ideas representan tan solo manifestaciones discutibles del pensamiento. Seamos prudentes, pues.
Las hamacas no son para dormir. Más bien sirven para cargar y trasladar a las personas. Lo demostró Gabriel García Márquez en su libro Relato de un náufrago, en el cual narra la aventura de un marinero colombiano cuyo accidente de barco lo hizo naufragar. El marinero fue transportado en una hamaca debido a su estado crítico de salud: "Es largo y difícil el camino del lugar en que me encontraron hasta Mulatos. Me acostaron en una hamaca colgada de dos largos palos. Dos hombres en cada extremo de cada uno de los palos me condujeron por un largo, estrecho y retorcido camino iluminado por las lámparas. Íbamos al aire libre, pero hacía tanto calor como en un cuarto cerrado, a causa de las lámparas. Los ocho hombres se turnaban cada media hora."
Una hamaca no debe servir nunca -NUNCA- para dormir; pero, llegado el caso de que se corrompa su uso y alguien pretenda utilizarla para dicho fin, quien se duerma en una hamaca está obligado a hacerlo de la manera mas incómoda, entre ruidos del exterior, hilos toscos y piquetes de mosquitos.
El ser humano ha desarrollado su afán por no rendirse a lo evidente, por su ímpetu de peripecias, por su desdén hacia el sentido común. Solo a un corto de imaginación se le ocurriría argumentar que una hamaca es para lo que parece, en lugar de ser para lo que en realidad es.
Las hamacas son breves objetos flotantes que los traviesos chaneques mueven en las noches, y cuyo movimiento captan las cámaras de seguridad a medida que la madrugada avanza. Las hamacas son el par juguetón que utilizan los niños para divertirse en grande, a medida que mueven la hamaca con fruición para mover a otros niños, bajo riesgo de salir disparados hacia el suelo. Las hamacas pueden ser tendederos repentinos en donde quedan colgadas las prendas de vestir, como aves desfallecidas, cuando a falta de tendederos las colgamos con la intención de que se sequen, porque los seres humanos sabemos sacarle la vuelta a algo. Las hamacas son criaturas mascotas, damas del mobiliario, que nos acompañan en aquellos momentos de pensamiento taciturno en que estamos sentados sobre ellas y no tenemos ni perro que nos ladre, salvo las hamacas, que nos reconocen y nos impregnan de su olor a encerrado y humedad, que se acurrucan a nuestro lado, ese contubernio existencial que solo saben transmitir los muebles de nuestro hogar. O las de los hoteles en lugares tropicales, o las de los lugares campestres, o las que están en los hombros de algún vendedor ambulante que las trae desde el sur del país. Una hamaca es motivo de indagación para los investigadores de lo paranormal, escándalo de una realidad sobrenatural donde alguien en un foro de internet afirma que de noche el espectro de un joven mece una hamaca en la ciudad de Santa Fe, Argentina.
Ahora bien, de lo que no cabe duda es de que las hamacas no son para dormir
 
¿A quién se le ocurrió la disparatada idea de que las hamacas son para dormir? ¿Quién fue el simplón divulgador de semejante leyenda? Por esa deficiente regla de tres, los escritorios deberían usarse para trabajar, las mangueras para arrojar agua sobre las plantas y los lapiceros para escribir en papel. Semejante pensamiento pragmático me resulta de una estrechez aberrante. Qué insolencia. Qué falta de creatividad. Qué atropello al ingenio del género humano.
Por ese sendero casi no se llega a ninguna parte. Con esos convencionalismos, al final resultará que las ideas representan tan solo manifestaciones discutibles del pensamiento. Seamos prudentes, pues.
Las hamacas no son para dormir. Más bien sirven para cargar y trasladar a las personas. Lo demostró Gabriel García Márquez en su libro Relato de un náufrago, en el cual narra la aventura de un marinero colombiano cuyo accidente de barco lo hizo naufragar. El marinero fue transportado en una hamaca debido a su estado crítico de salud: "Es largo y difícil el camino del lugar en que me encontraron hasta Mulatos. Me acostaron en una hamaca colgada de dos largos palos. Dos hombres en cada extremo de cada uno de los palos me condujeron por un largo, estrecho y retorcido camino iluminado por las lámparas. Íbamos al aire libre, pero hacía tanto calor como en un cuarto cerrado, a causa de las lámparas. Los ocho hombres se turnaban cada media hora."
Una hamaca no debe servir nunca -NUNCA- para dormir; pero, llegado el caso de que se corrompa su uso y alguien pretenda utilizarla para dicho fin, quien se duerma en una hamaca está obligado a hacerlo de la manera mas incómoda, entre ruidos del exterior, hilos toscos y piquetes de mosquitos.
El ser humano ha desarrollado su afán por no rendirse a lo evidente, por su ímpetu de peripecias, por su desdén hacia el sentido común. Solo a un corto de imaginación se le ocurriría argumentar que una hamaca es para lo que parece, en lugar de ser para lo que en realidad es.
Las hamacas son breves objetos flotantes que los traviesos chaneques mueven en las noches, y cuyo movimiento captan las cámaras de seguridad a medida que la madrugada avanza. Las hamacas son el par juguetón que utilizan los niños para divertirse en grande, a medida que mueven la hamaca con fruición para mover a otros niños, bajo riesgo de salir disparados hacia el suelo. Las hamacas pueden ser tendederos repentinos en donde quedan colgadas las prendas de vestir, como aves desfallecidas, cuando a falta de tendederos las colgamos con la intención de que se sequen, porque los seres humanos sabemos sacarle la vuelta a algo. Las hamacas son criaturas mascotas, damas del mobiliario, que nos acompañan en aquellos momentos de pensamiento taciturno en que estamos sentados sobre ellas y no tenemos ni perro que nos ladre, salvo las hamacas, que nos reconocen y nos impregnan de su olor a encerrado y humedad, que se acurrucan a nuestro lado, ese contubernio existencial que solo saben transmitir los muebles de nuestro hogar. O las de los hoteles en lugares tropicales, o las de los lugares campestres, o las que están en los hombros de algún vendedor ambulante que las trae desde el sur del país. Una hamaca es motivo de indagación para los investigadores de lo paranormal, escándalo de una realidad sobrenatural donde alguien en un foro de internet afirma que de noche el espectro de un joven mece una hamaca en la ciudad de Santa Fe, Argentina.
Ahora bien, de lo que no cabe duda es de que las hamacas no son para dormir
Para gustos los colores.

Saludos
 

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