Las despedidas 5

Évano

Libre, sin dioses.
Yo las veo, a las almas

Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.

Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.

¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.

Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos.

No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.

Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.

Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.
 
Última edición:
Pesadillesco poema, amigo Vicente, donde encadenas las imágenes dantescas para describir ese Hades donde los muertos arrastran su memoria, lo que fueron, como pesadas cadenas que se venden al mejor postor. El estilo de tu verso libre, que lo tiene y muy marcado, me recordó al de Jacques Prévert.
Creo que donde dices «fallido» correspondería «fallidos».
abrazo
Jorge
 
Yo las veo, a las almas

Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.

Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.

¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.

Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos

No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.

Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.

Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.


He leído varias veces tu poema, he hecho el viaje contigo, ni que decir tiene que me ha impresionado tu mirada, tu alma de poeta que se sale de los margenes para dejarnos rotos de su dolor...escojo esta estrofa, no porque sea la mejor, sino porque tu poema tiene mucha profundidad, dificil elegir Vicente .

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.


Te dejo mis felicitaciones por tu arduo trabajo y mi abrazo cordial
 
Pesadillesco poema, amigo Vicente, donde encadenas las imágenes dantescas para describir ese Hades donde los muertos arrastran su memoria, lo que fueron, como pesadas cadenas que se venden al mejor postor. El estilo de tu verso libre, que lo tiene y muy marcado, me recordó al de Jacques Prévert.
Creo que donde dices «fallido» correspondería «fallidos».
abrazo
Jorge


Es la primera vez que me pongo un poco en serio, muy poco, para construir una poesía en verso libre con ritmo. He visto que es más difícil que versar con las plantillas típicas de endecasílabos, decasílabos, etc.Por lo menos para mí. Construir con grupos fónicos, o grupos métricos, oóo oóo oóo, como en el primer verso: Las almas rodean nerviosas al alma, y dar coherencia y que ese ritmo se mezcle y se saboree con el resto, como con el segundo ooóo ooóo ooóo que ejecuta despedidas contratadas, es muy difícil, como ya he dicho.

Gracias por lo del estilo.
Gracias por tu paso, Jorge.


He leído varias veces tu poema, he hecho el viaje contigo, ni que decir tiene que me ha impresionado tu mirada, tu alma de poeta que se sale de los margenes para dejarnos rotos de su dolor...escojo esta estrofa, no porque sea la mejor, sino porque tu poema tiene mucha profundidad, dificil elegir Vicente .

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.


Te dejo mis felicitaciones por tu arduo trabajo y mi abrazo cordial


He cambiado tanto los versos, Isabel, que creo que al final hice un laberinto del poema: Antes el título era: Hoy estuve en un desguace de madres; es decir: me refería a un geriátrico.

Gracias por tu amable paso.
 
Yo las veo, a las almas

Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.

Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.

¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.

Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos.

No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.

Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.

Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.

Excelente poema Evano, un abrazo mi querido amigo.
 
Yo las veo, a las almas

Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.

Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.

¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.

Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos.

No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.

Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.

Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.

Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.
Trato de internarme en la espesura del poema y siento que voy por caminos que no conozco, tratando de descifrar versos que no entiendo, locuras poéticas, introspecciones que se me hacen inalcanzables. Es como si hablaras de psiquiátricos, cementerios e infiernos al mismo tiempo, empleando para ello un denso lenguaje metafórico.

Bien por el verso libre, Vicente, muy libre esta vez, aunque en las estrofas iniciales predominen unos cuantos octonarios muy bien diseñados (*) y unas cuántas combinaciones no tan aleatorias como aparentan. Bravo por la fuerza de algunas figuras, como: «Celadoras de cipreses / van con huesos de abandonos»; «mujeres de vidrio dejadas al azar»; «el cristal que pisan las almas». Bravo por los oxímoros: «la ruta hacia ninguna parte»; «espacios de nadie»; «preguntar en alto lo que en bajo temo».
Es un poema intenso, tal vez le falte un poco de orden, pequeñas depuraciones, desbrozarlo del exceso de misterio. Es todo lo que puedo decir, por ahora, de este gran poema.

Gracias por este nuevo aporte a nuestro foro.
Un abrazo, compañero.
 
Trato de internarme en la espesura del poema y siento que voy por caminos que no conozco, tratando de descifrar versos que no entiendo, locuras poéticas, introspecciones que se me hacen inalcanzables. Es como si hablaras de psiquiátricos, cementerios e infiernos al mismo tiempo, empleando para ello un denso lenguaje metafórico.

Bien por el verso libre, Vicente, muy libre esta vez, aunque en las estrofas iniciales predominen unos cuantos octonarios muy bien diseñados (*) y unas cuántas combinaciones no tan aleatorias como aparentan. Bravo por la fuerza de algunas figuras, como: «Celadoras de cipreses / van con huesos de abandonos»; «mujeres de vidrio dejadas al azar»; «el cristal que pisan las almas». Bravo por los oxímoros: «la ruta hacia ninguna parte»; «espacios de nadie»; «preguntar en alto lo que en bajo temo».
Es un poema intenso, tal vez le falte un poco de orden, pequeñas depuraciones, desbrozarlo del exceso de misterio. Es todo lo que puedo decir, por ahora, de este gran poema.

Gracias por este nuevo aporte a nuestro foro.
Un abrazo, compañero.


Es un boceto, Elhi, un cúmulo de sensaciones agolpadas al entrar a un asilo donde curan a mi madre desde hace medio año. Tienes razón, está sin orden, alocado. El tiempo me dará la fuerza para hallar el orden, ya no en el poema, sino en mí mismo. Quizá, pues no me he puesto en orden en mi vida.

Un abrazo, Elhi.
 

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