Évano
Libre, sin dioses.
Yo las veo, a las almas
Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.
Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.
¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.
Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos.
No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.
Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.
Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.
Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.
Las almas rodean nerviosas al ángel
que ejecuta despedidas contratadas.
Permanece por la sala, por las sillas y butacas,
cerca de cuerpos rotos que son como cuerpos que fueron.
Celadoras de cipreses van con huesos de abandonos
y esquivan a rostros de soles ocultos.
Mientras, la radio de una mañana, una cualquiera,
rellena espacios de nadie.
¿Por qué sanas, si no quieren más retorno a las heridas?
-me pregunta el silencio por el miedo a mi locura-.
¿Por qué rellenas con ilusiones lo que no quiere
más viajes fallido a la vida?
—quisiera preguntar en alto lo que en bajo temo—.
Batas mecánicas blancas arrastran ruedas sin más.
Algunas visitas rápidas abrazan mujeres de vidrio dejadas al azar.
No ven el cristal que pisan las almas,
ni los espejos que fueron los ojos.
No conviene que se pesen las palabras y el pasado,
aunque puedes quedarte con los ojos,
con los que quieras de los que nublan la sala entera;
muérdelos y degusta lo que vieron,
a qué saben, si a tus lágrimas de niño.
Quédate con las manos, lámelas luego y ve
a quiénes ayudaron, cuánta sangre, cuántas veces abrazaron.
Hay quien visita y ni siquiera bajaría
la ventanilla del auto de la ruta a ninguna parte.
Les bastaría con fingir una sonrisa
y algún rápido Cómo estás desde lejos.
Ese que viene a llevarse a las almas era de luz.
Ahora es sombra cansada y depresiva
arrastrando una llave que chirría
y que abre al túnel la melancolía.
Hablar de cuánto duele un adiós
sin abrir la cortina de la mente
mientras preguntas Cómo te encuentras,
es porque somos ya la sombra del ángel
que separa a las almas de los cuerpos.
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