Charly y yo salimos a la calle con nuestros equipos. nuestra misión era hacer una entrevista en las aceras de la ciudad. era algo directo, caliente, recoger la palabra de la garganta. ya habíamos hecho de esas encuentas el millar, o las que fuesen, como decía Charly. pero desde el principio esta misión y trabajo nos pareció algo especial, sorprendente, que rompía con la estadística de todos esos años de trabajo y de trato con la gente. habíamos protestado a la mesa, habíamos amenazado, que si ellos mismos se atreverían a llevar a cabo tan descabellado plan. nada conseguimos, la verdad, y con una serie de sagaces maneras, en ropa, en perfume, peinado y maquillado, nos lanzamos a la calle.
La airosa minifalda de Charly y su ajustada blusa amarilla, me ofrecieron confianza. ella extrajo su cámara del maletín y yo, por supuesto, el micrófono. encaré al viandante: - "¿usted sabe dónde tiene las orejas?".
La airosa minifalda de Charly y su ajustada blusa amarilla, me ofrecieron confianza. ella extrajo su cámara del maletín y yo, por supuesto, el micrófono. encaré al viandante: - "¿usted sabe dónde tiene las orejas?".