Mujer poeta
Poeta recién llegado
Usted mi querido turista,
Seguro vino a deleitar un poco su vista,
Siendo yo una universal guía,
Siento tanto apagarle su visita,
Al tener que darle esta noticia.
Pero ya no tenemos nada que ofrecerle,
El sol se lo tragó la neblina
y la luna de tristeza se ha quedado dormida.
Y vea usted el firmamento de mi pobre patria,
Se ha vuelto un colador de realidades,
Las balas hasta arriba han perforado,
Por tanta violencia entre nuestras sociedades.
No vaya usted a quitarse los zapatos,
Porque podría mancharse los pies de sangre.
Dígame, si acaso tiene hambre, que platillo podría prepararle.
Un asado de corrupciones e injusticias
(Es lo que más se consume en el menú de todos los días).
Y qué decir de las bebidas,
Un licuado de llantos inocentes,
de aquellos niños que se han quedado sin familias
o que de hambre les churrean las tripas.
Y de postre le daré mi favorito,
una torta de remotas esperanzas en el vaivén del efímero tiempo que pasa.
Voy a mostrarle algunas artesanías,
por si usted quiere llevarse algún recuerdo,
De la visita a mi desolada patria,
¡Tome! guárdese esto en sus bolsillos,
(una pequeña estatua de valentia y anonimas perseverancias)
Por favor guarde su cámara,
ya no existen paisajes que puedan cautivarla.
Tan solo vera rostros apagados por la tristeza.
Ve, ese revoluto de gente ahí,
-dicen que van a elegir una nueva presidencia,
¿ve esos tipos de trajes elegantes disfrazados de decencia?
se dicen ser humildes, saludan a quien se encuentran
y al llegar a casa , las manos se desinfectan.
¨Mejoraremos el país¨ dicen los lemas en cada puerta,
(mi abuela murió de 80 anos y no conoció la luz eléctrica.
Vea usted esos bosques que antes enverdecían,
hoy sus colores semejan un otoño permanente,
si Lempira estuviera vivo, ya se hubiera muerto dos veces.
Pues aquellas montañas que le sirvieron de tumba,
en nada, a estas se parecen.
Y donde quiera que el este,
seguro a de llorar a veces,
al ver a mi podre Honduras,
que día con día mas se desvanece.
Siento tanto no tener nada más que ofrecerle,
a usted mi querido turista.
Pero vuelva usted entre unos dos mil años,
talves Dios nos envíe (esta vez a su nieto)
y construya un nuevo mundo y una Honduras diferente.
Esa es la única esperanza,
que nos Mantiene optimistas
a unos pocos compatriotas que en cualquier suelo extranjero
cuando nos llaman CATRACHOS,
aun con orgullo levantamos la frente.
(Derechos reservados , Xiomara Villalobos)
Seguro vino a deleitar un poco su vista,
Siendo yo una universal guía,
Siento tanto apagarle su visita,
Al tener que darle esta noticia.
Pero ya no tenemos nada que ofrecerle,
El sol se lo tragó la neblina
y la luna de tristeza se ha quedado dormida.
Y vea usted el firmamento de mi pobre patria,
Se ha vuelto un colador de realidades,
Las balas hasta arriba han perforado,
Por tanta violencia entre nuestras sociedades.
No vaya usted a quitarse los zapatos,
Porque podría mancharse los pies de sangre.
Dígame, si acaso tiene hambre, que platillo podría prepararle.
Un asado de corrupciones e injusticias
(Es lo que más se consume en el menú de todos los días).
Y qué decir de las bebidas,
Un licuado de llantos inocentes,
de aquellos niños que se han quedado sin familias
o que de hambre les churrean las tripas.
Y de postre le daré mi favorito,
una torta de remotas esperanzas en el vaivén del efímero tiempo que pasa.
Voy a mostrarle algunas artesanías,
por si usted quiere llevarse algún recuerdo,
De la visita a mi desolada patria,
¡Tome! guárdese esto en sus bolsillos,
(una pequeña estatua de valentia y anonimas perseverancias)
Por favor guarde su cámara,
ya no existen paisajes que puedan cautivarla.
Tan solo vera rostros apagados por la tristeza.
Ve, ese revoluto de gente ahí,
-dicen que van a elegir una nueva presidencia,
¿ve esos tipos de trajes elegantes disfrazados de decencia?
se dicen ser humildes, saludan a quien se encuentran
y al llegar a casa , las manos se desinfectan.
¨Mejoraremos el país¨ dicen los lemas en cada puerta,
(mi abuela murió de 80 anos y no conoció la luz eléctrica.
Vea usted esos bosques que antes enverdecían,
hoy sus colores semejan un otoño permanente,
si Lempira estuviera vivo, ya se hubiera muerto dos veces.
Pues aquellas montañas que le sirvieron de tumba,
en nada, a estas se parecen.
Y donde quiera que el este,
seguro a de llorar a veces,
al ver a mi podre Honduras,
que día con día mas se desvanece.
Siento tanto no tener nada más que ofrecerle,
a usted mi querido turista.
Pero vuelva usted entre unos dos mil años,
talves Dios nos envíe (esta vez a su nieto)
y construya un nuevo mundo y una Honduras diferente.
Esa es la única esperanza,
que nos Mantiene optimistas
a unos pocos compatriotas que en cualquier suelo extranjero
cuando nos llaman CATRACHOS,
aun con orgullo levantamos la frente.
(Derechos reservados , Xiomara Villalobos)
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