Qué cruento es el destino,
y el camino que a éste lleva;
laberinto inextricable...
de ilusiones pasajeras.
Utopía delirante,
desgastante e inane;
más estoico la soporto...
pues deduzco mi bagaje.
Mil censuras cual cicuta,
yo recibo en detrimento;
de bucéfalos atáxicos...
que no saben de talento.
Cual Teseo vivo luchando,
contra ignotos enemigos;
minotauros que mediocres...
la incultura ha vencido.
¡Oh pensar, dáme sapiencia!
y conduce mi salida;
de éste obscuro laberinto...
pues créo en tí, y créo en la vida.
No es posible que murallas
construídas con dinero;
trunquen ya mis ideales...
¡dále luz a mis anhelos!.
Sé mi faro, sé mi guía,
¡por favor, pensar te ruego!;
tú sabrás por qué entre sombras...
se divaga ya mi ego.
Qué cruento es el destino,
cuando no vemos la puerta;
la premisa es abrirla...
y no...¡salir con la fé muerta!.