La tormenta azarada

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La rosa pregunto a la tormenta
que tenía contra ella,
que cuando aparecía
sus pétalos, caían...

La tormenta respondió
que eran celos de su hermosura,
y al verla sus zarpas, salían,
pero al fin era, mal de amor.

No soy una rosa cualquiera,
me plantaron los niños
que ellos son los que saben de amor,
¡sé amiga mía!

La tormenta azarada
ante tanto candor,
decidió no maltratarla
y jugaron...

Los niños que la cuidaban
vieron que estaba contenta,
desde entonces aplaudían
cada vez, que había tormenta.


Rosario de Cuenca Esteban

 

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