E
Elhi Delsue
Invitado
Buscando entre mis notas encontré un par de artículos que me gustaría compartir con ustedes. El primero pertenece a Antonio Alcoholado Feltstrom, Licenciado en Filosofía y Letras; participa como examinador en el tribunal DELE del Instituto Cervantes en Shanghái y realiza estudios de posgrado en la Universidad Jaume I de Castellón. El segundo artículo es de Manuel Agustín Esgueva Martínez, profesor titular de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia).
Someto a consideración de ustedes el contenido de estos trabajos que, lejos de servir a la formulación de reglas ─que es el objeto de este Concilio─ pretenden, simplemente, contribuir a nuestro conocimiento y complementar nuestros hallazgos teóricos sobre el tema. Ambos artículos han sido resumidos y adecuados para su presentación en este foro.
1. LA TENDENCIA ANTIHIÁTICA EN LA VERSIFICACIÓN ESPAÑOLA
El verso español responde a una estructura silábica y rítmica, según la posición de sílabas tónicas y átonas [...] Tradicionalmente se ha clasificado el tipo de verso según su número de sílabas y el esquema acentual de estas en el interior del verso.
Nebrija muestra en su Gramática varios ejemplos de sinalefa, tomados de la poesía castellana medieval (1980: 149-50), lo que delata la vinculación de la tendencia antihiática y la versificación española desde sus orígenes. Quilis (1984: 49-52) señala como cuatro principales “fenómenos métricos en el cómputo silábico”: la sinalefa, la sinéresis, la diéresis o pronunciación de las vocales de un diptongo en sílabas distintas, y el hiato, descrito en poesía como el fenómeno contrario a la sinalefa, es decir, pronunciación en dos sílabas diferentes de la vocal final y la inicial de dos palabras contiguas.
Detecta Quilis una “clara jerarquización” en la poesía española que antepone el uso de sinalefa y sinéresis al de diéresis e hiato, e insiste en la frecuencia de las dos primeras en el habla (“casi un hecho de norma lingüística” [...]), mientras que diéresis e hiato “constituyen una excepción”.
Navarro Tomás confirma este carácter excepcional: “la diéresis o disgregación del diptongo se usa en raras ocasiones”. Domínguez Caparrós juzga el empleo de la diéresis como “ir en contra de los hábitos de pronunciación”, “efecto de artificiosidad” y comenta que “entre los tratadistas, no faltan quienes la desaconsejan vivamente”; añade que “se desaconseja el uso del hiato” mientras que “la sinalefa es un fenómeno normal y general dentro de la pronunciación castellana”.
La RAE otorga a los elementos descritos la calidad de licencia poética; Navarro Tomás, por el contrario, asevera que “no existe en español una pronunciación poética distinta de la que se usa en el discurso (…) o en la conversación de las personas ilustradas”. (Fuente: ALCOHOLADO FELTSTROM, Antonio. La tendencia antihiática del español. REDELE, Nº 24, 2012)
2. VOCALES EN CONTACTO: LA SINALEFA
[…] los clásicos, preceptistas y gramáticos en sus prosodias han tratado de las licencias poéticas en la rítmica, y, de manera especial, la sinalefa. Ahora veamos algunas de sus opiniones para solucionar problemas de metro en poesía, originados por la concurrencia de vocales.
Nebrija (1492) en su Gramática equipara la sinalefa con la elisión o supresión de vocales. Dice así: Acontece muchas veces, que cuando alguna palabra acaba en vocal, y, si se sigue otra que comienza eso mismo en vocal, echamos fuera la primera de ellas [...] A esta figura, los griegos llaman sinalefa, los latinos compresión; nosotros podémosla llamar ahogamiento de vocales (Libro II, cap. VII, pág. 47). | La Academia en el siglo XVIII considera la sinalefa como una figura poética o licencia.
Para Gómez Hermosilla (1826), en el Arte de hablar en prosa y en verso, la sinalefa se utiliza en la dicción rápida, y la considera «común, frecuente y necesaria» (pág. 122). | Salvá (1830), en su Prosodia y Métrica, al tratar sobre las licencias poéticas hace el siguiente comentario: «no debe reputarse por licencia poética porque aun en el habla común pronunciamos en semejantes casos las dos vocales como si formaran diptongo» (pág. 416).
Mariano José Sicilia (1832) comenta, en sus Lecciones elementales de Ortología y Prosodia, que la sinalefa «es figura enteramente prosódica en la cual no se altera de modo alguno el material ortológico de la dicción» (pág. 217). | Federico Hanssen (1879), en Miscelánea de versificación castellana, hace el siguiente comentario «en la sinalefa la primera de las dos vocales no se suprime quedando perfectamente perceptible, aunque pierde su valor silábico; en la contracción, una de las vocales desaparece por completo» (pág. 8).
Andrés Bello (1890), en sus Opúsculos gramaticales, añade: «En la sinalefa castellana hay que advertir dos cosas: la primera, que en la concurrencia de dos o más sílabas que pasan a formar una sola, suenan claros, distintos y sin alteración alguna los elementos de que consta; y la segunda, que por medio de la sinalefa pueden formar una sola sílaba, o pronunciarse en la unidad de tiempo vocales que, si pertenecieran a una sola dicción, se pronunciarían en dos o más unidades de tiempo. Y esto se verifica no sólo en poesía, sino en el lenguaje ordinario, de cuya pronunciación no es lícito al poeta alejarse» (pág. 229).
Eduardo Benot, en Prosodia castellana y versificación, tras un estudio amplísimo en sus tres volúmenes nos dice: «La sinalefa es un hecho de habla normal y por tanto, no es una licencia» (pág. 204). | Robles Dégano (1905), en su Ortología clásica de la lengua castellana, nos da las causas que justifican la sinalefa: «1) La celeridad de la expresión. 2) La debilidad de los acentos. 3) La observancia y naturalidad del ritmo. 4) La semejanza de las vocales». Y sigue: «... la regularidad y propiedad del ritmo contribuyen a la suavidad de la sinalefa, como en otras ocasiones pueden contribuir a la suavidad del hiato» (pág. 92).
F. Navarro y Ledesma (1903), en Lecciones de Literatura (Preceptiva de los géneros literarios) afirma que: «Es ley en la lengua castellana que la vocal o vocales finales en que empieza la palabra siguiente, se juntan con ellas, formando lo que se llama sinalefa” (pág. 86). | Ricardo Jaimes Freyre (1912), en Leyes de versificación castellana, insiste como otros preceptistas: «La sinalefa no es una licencia, es una necesidad del idioma» (pág. 103).
Juan Cano (1913), en su artículo La importancia relativa del acento, comenta: «No sé por qué razón, los versificadores, versificando en su propia lengua, hablan de usar el hiato con preferencia a la sinalefa, de la que nos servimos naturalmente al hablar». Y saca la siguiente conclusión: «Después de todo la sinalefa es lo natural en el lenguaje, al contrario del hiato, que es lo artificial» (pág. 232).
Navarro Tomás (1950), en el Manual de pronunciación española, dice así: «Nuestra pronunciación tiende, preferentemente, a convertir, siempre que es posible, todo conjunto de vocales en un grupo monosilábico» [...] «En general, en lenguaje rápido, la reducción de los grupos vocálicos a una sola sílaba es más frecuente que en lenguaje lento». Más adelante dice que: «es inútil reducir a reglas fijas tales vacilaciones dada la libertad de que la lengua dispone en este punto». Y a continuación: «No existe en español una pronunciación poética distinta de la que se usa en el discurso, en la escena o en la conversación de las personas ilustradas » (pág. 149).
Pedro Henríquez Ureña (1961), en Estudios de versificación española, añade: «... la pronunciación normal del español exige la sinalefa» (pág. 17). Rafael Lapesa Melgar (1970), en Introducción a los estudios literarios, siguiendo la opinión tradicional «La sinalefa no constituye una libertad poética; se da en el verso con la misma espontaneidad que en el habla corriente» (pág. 74).
Samuel Gili Gaya (1971), en Elementos de fonética general, comenta que «en español existe desde antiguo una tendencia muy marcada a reducir los hiatos a diptongos y a juntar por sinalefa la vocal o vocales finales de una palabra con las iniciales de la palabra siguiente, dentro del mismo grupo fónico» (pág. 117). | Sebastián Mariner (1974), en Sinalefa, elisión y licencias métricas, haciendo referencia a Balbín, concluye que «tiene la sinalefa carácter mayoritario frente al hiato. Ella es lo sistemático en castellano frente al hiato, que resulta ser lo excepcional» (pág. 294).
Rafael Monroy Casas (1980), en Aspectos fonéticos de las vocales españolas, nos dice: «El habla no delimita fronteras silábicas» (pág. 59), y más adelante afirma que «la sinalefa con fusión de los elementos hasta el valor de uno solo [...] aparece más potente en encuentro de vocales átonas» (pág. 65). | D’Introno (1995), en Fonética y fonología actual del español, manifiesta las mismas teorías de los anteriores preceptistas y gramáticos: «En una pronunciación normal menos atenta y más rápida, las dos vocales se pronuncian en una sílaba, sobre todo si ninguna de las vocales lleva acento» (pág. 209). (Fuente: ESGUEVA MARTÍNEZ, Manuel Agustín. Vocales en contacto. LA SINALEFA. Rhythmica, II, 2, 2004)
**..**
Considero muy ilustrativos los resúmenes anteriores. El de Esgueva Martínez, especialmente, pone a nuestra disposición las opiniones que a través de los siglos han vertido los grandes estudiosos de la materia. Bien pudieran estas opiniones servir de fundamento a nuestras disertaciones sobre el tema y ayudarnos a buscar un punto de equilibrio en la balanza de las definiciones teóricas.
Para mí las sinalefas y los hiatos, cuando forzados, son tan despreciables como un ripio. Todos, desde el punto de vista estético y artístico, tienen efectos perjudiciales sobre el verso. El uso incorrecto o abusivo de las licencias poéticas conlleva, por lo general, a errores de métrica; el ripio, a la artificiosidad del texto poético.
Concuerdo con Jorge en que el caso «oó» es el más complejo en los encuentros de vocales. Particularmente, encuentro curioso que en mis prácticas poéticas, y especialmente en este caso, suela descartar las elisiones vocales y tienda más al hiato que a la sinalefa, razón por la cual difiero en la ejecución de algunos de los versos de su lista de ejemplos. Algo tienen que le disgustan a mi oído ─algunos de ellos me resultan incluso intolerables─, aunque peores hay, como estos del célebre poeta renacentista Juan Boscán, tomados de su obra «Como después de tempestuoso día»:
así en su padecer el alma mía
con la tarde del bien es tan gozosa,
que se rehace en una hora que reposa *
de todos los trabajos que tenía.
(JUAN BOSCÁN, «Como después de tempestuoso día»)
Transcribo a continuación ejemplos de este mismo caso «oó», pero resueltos de otro modo. Veremos cómo el hiato rítmico juega un papel fundamental en la ejecución del verso, tal como ocurre en esta hermosísima muestra del poeta romántico español Manuel Bretón de los Herreros, tomada de su obra «La pereza»:
¡Oh, qué lindo en poltrona regalada
reposar una hora y otra hora! *
comer, holgar... ¡qué vida encantadora
sin ser de nadie y sin pensar en nada!
(MANUEL BRETÓN DE LOS HERREROS «A la pereza»
Otros ejemplos del mismo caso «oó»:
Algo se muere en mí todos los días:
la hora que se aleja me arrebata, *
del tiempo en la insonora catarata,
salud, amor, ensueños y alegrías.
(JULIO FLORES, «Resurrecciones»)
Estaba en su hora más áurea la fiesta. *
El blanco abanico bajaba y subía,
parecido a un ala de nieve interpuesta
entre tus desdenes y la cuita mía…
(BELISARIO ROLDÁN, «Soneto baladí»)
«¿Adonde vas? Por despreciar el nido,
Al peligro de ligas y de balas.
El dueño huyes que tu pico adora?» *
(LOPE DE VEGA, «Daba sustento a un pajarillo un día»)
¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro, *
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?
(FRAY LUIS DE LEÓN «En la Ascensión»)
Mucha noche hace falta en las estrellas
pero más en el alma se precisa.
Mucha noche hace falta
que caiga grave en su honda mina. *
(CARLOS BOUSOÑO, «La luz de Dios»)
si pudiera subirme, si pudiera
muy más allá de todo lo creado
y en la última rama de mi Amado *
pusiera el corazón y el alma entera;
(JOSÉ LUIS MARTÍ DESCALZO)
Que la última tarde de mi vida *
quede de tu perdón, Señor, ungida.
(JUAN BAUTISTA BERTRÁN, «A modo de soliloquios atendidos»)
ELHI DELSUE
20.05.2016
Someto a consideración de ustedes el contenido de estos trabajos que, lejos de servir a la formulación de reglas ─que es el objeto de este Concilio─ pretenden, simplemente, contribuir a nuestro conocimiento y complementar nuestros hallazgos teóricos sobre el tema. Ambos artículos han sido resumidos y adecuados para su presentación en este foro.
1. LA TENDENCIA ANTIHIÁTICA EN LA VERSIFICACIÓN ESPAÑOLA
El verso español responde a una estructura silábica y rítmica, según la posición de sílabas tónicas y átonas [...] Tradicionalmente se ha clasificado el tipo de verso según su número de sílabas y el esquema acentual de estas en el interior del verso.
Nebrija muestra en su Gramática varios ejemplos de sinalefa, tomados de la poesía castellana medieval (1980: 149-50), lo que delata la vinculación de la tendencia antihiática y la versificación española desde sus orígenes. Quilis (1984: 49-52) señala como cuatro principales “fenómenos métricos en el cómputo silábico”: la sinalefa, la sinéresis, la diéresis o pronunciación de las vocales de un diptongo en sílabas distintas, y el hiato, descrito en poesía como el fenómeno contrario a la sinalefa, es decir, pronunciación en dos sílabas diferentes de la vocal final y la inicial de dos palabras contiguas.
Detecta Quilis una “clara jerarquización” en la poesía española que antepone el uso de sinalefa y sinéresis al de diéresis e hiato, e insiste en la frecuencia de las dos primeras en el habla (“casi un hecho de norma lingüística” [...]), mientras que diéresis e hiato “constituyen una excepción”.
Navarro Tomás confirma este carácter excepcional: “la diéresis o disgregación del diptongo se usa en raras ocasiones”. Domínguez Caparrós juzga el empleo de la diéresis como “ir en contra de los hábitos de pronunciación”, “efecto de artificiosidad” y comenta que “entre los tratadistas, no faltan quienes la desaconsejan vivamente”; añade que “se desaconseja el uso del hiato” mientras que “la sinalefa es un fenómeno normal y general dentro de la pronunciación castellana”.
La RAE otorga a los elementos descritos la calidad de licencia poética; Navarro Tomás, por el contrario, asevera que “no existe en español una pronunciación poética distinta de la que se usa en el discurso (…) o en la conversación de las personas ilustradas”. (Fuente: ALCOHOLADO FELTSTROM, Antonio. La tendencia antihiática del español. REDELE, Nº 24, 2012)
2. VOCALES EN CONTACTO: LA SINALEFA
[…] los clásicos, preceptistas y gramáticos en sus prosodias han tratado de las licencias poéticas en la rítmica, y, de manera especial, la sinalefa. Ahora veamos algunas de sus opiniones para solucionar problemas de metro en poesía, originados por la concurrencia de vocales.
Nebrija (1492) en su Gramática equipara la sinalefa con la elisión o supresión de vocales. Dice así: Acontece muchas veces, que cuando alguna palabra acaba en vocal, y, si se sigue otra que comienza eso mismo en vocal, echamos fuera la primera de ellas [...] A esta figura, los griegos llaman sinalefa, los latinos compresión; nosotros podémosla llamar ahogamiento de vocales (Libro II, cap. VII, pág. 47). | La Academia en el siglo XVIII considera la sinalefa como una figura poética o licencia.
Para Gómez Hermosilla (1826), en el Arte de hablar en prosa y en verso, la sinalefa se utiliza en la dicción rápida, y la considera «común, frecuente y necesaria» (pág. 122). | Salvá (1830), en su Prosodia y Métrica, al tratar sobre las licencias poéticas hace el siguiente comentario: «no debe reputarse por licencia poética porque aun en el habla común pronunciamos en semejantes casos las dos vocales como si formaran diptongo» (pág. 416).
Mariano José Sicilia (1832) comenta, en sus Lecciones elementales de Ortología y Prosodia, que la sinalefa «es figura enteramente prosódica en la cual no se altera de modo alguno el material ortológico de la dicción» (pág. 217). | Federico Hanssen (1879), en Miscelánea de versificación castellana, hace el siguiente comentario «en la sinalefa la primera de las dos vocales no se suprime quedando perfectamente perceptible, aunque pierde su valor silábico; en la contracción, una de las vocales desaparece por completo» (pág. 8).
Andrés Bello (1890), en sus Opúsculos gramaticales, añade: «En la sinalefa castellana hay que advertir dos cosas: la primera, que en la concurrencia de dos o más sílabas que pasan a formar una sola, suenan claros, distintos y sin alteración alguna los elementos de que consta; y la segunda, que por medio de la sinalefa pueden formar una sola sílaba, o pronunciarse en la unidad de tiempo vocales que, si pertenecieran a una sola dicción, se pronunciarían en dos o más unidades de tiempo. Y esto se verifica no sólo en poesía, sino en el lenguaje ordinario, de cuya pronunciación no es lícito al poeta alejarse» (pág. 229).
Eduardo Benot, en Prosodia castellana y versificación, tras un estudio amplísimo en sus tres volúmenes nos dice: «La sinalefa es un hecho de habla normal y por tanto, no es una licencia» (pág. 204). | Robles Dégano (1905), en su Ortología clásica de la lengua castellana, nos da las causas que justifican la sinalefa: «1) La celeridad de la expresión. 2) La debilidad de los acentos. 3) La observancia y naturalidad del ritmo. 4) La semejanza de las vocales». Y sigue: «... la regularidad y propiedad del ritmo contribuyen a la suavidad de la sinalefa, como en otras ocasiones pueden contribuir a la suavidad del hiato» (pág. 92).
F. Navarro y Ledesma (1903), en Lecciones de Literatura (Preceptiva de los géneros literarios) afirma que: «Es ley en la lengua castellana que la vocal o vocales finales en que empieza la palabra siguiente, se juntan con ellas, formando lo que se llama sinalefa” (pág. 86). | Ricardo Jaimes Freyre (1912), en Leyes de versificación castellana, insiste como otros preceptistas: «La sinalefa no es una licencia, es una necesidad del idioma» (pág. 103).
Juan Cano (1913), en su artículo La importancia relativa del acento, comenta: «No sé por qué razón, los versificadores, versificando en su propia lengua, hablan de usar el hiato con preferencia a la sinalefa, de la que nos servimos naturalmente al hablar». Y saca la siguiente conclusión: «Después de todo la sinalefa es lo natural en el lenguaje, al contrario del hiato, que es lo artificial» (pág. 232).
Navarro Tomás (1950), en el Manual de pronunciación española, dice así: «Nuestra pronunciación tiende, preferentemente, a convertir, siempre que es posible, todo conjunto de vocales en un grupo monosilábico» [...] «En general, en lenguaje rápido, la reducción de los grupos vocálicos a una sola sílaba es más frecuente que en lenguaje lento». Más adelante dice que: «es inútil reducir a reglas fijas tales vacilaciones dada la libertad de que la lengua dispone en este punto». Y a continuación: «No existe en español una pronunciación poética distinta de la que se usa en el discurso, en la escena o en la conversación de las personas ilustradas » (pág. 149).
Pedro Henríquez Ureña (1961), en Estudios de versificación española, añade: «... la pronunciación normal del español exige la sinalefa» (pág. 17). Rafael Lapesa Melgar (1970), en Introducción a los estudios literarios, siguiendo la opinión tradicional «La sinalefa no constituye una libertad poética; se da en el verso con la misma espontaneidad que en el habla corriente» (pág. 74).
Samuel Gili Gaya (1971), en Elementos de fonética general, comenta que «en español existe desde antiguo una tendencia muy marcada a reducir los hiatos a diptongos y a juntar por sinalefa la vocal o vocales finales de una palabra con las iniciales de la palabra siguiente, dentro del mismo grupo fónico» (pág. 117). | Sebastián Mariner (1974), en Sinalefa, elisión y licencias métricas, haciendo referencia a Balbín, concluye que «tiene la sinalefa carácter mayoritario frente al hiato. Ella es lo sistemático en castellano frente al hiato, que resulta ser lo excepcional» (pág. 294).
Rafael Monroy Casas (1980), en Aspectos fonéticos de las vocales españolas, nos dice: «El habla no delimita fronteras silábicas» (pág. 59), y más adelante afirma que «la sinalefa con fusión de los elementos hasta el valor de uno solo [...] aparece más potente en encuentro de vocales átonas» (pág. 65). | D’Introno (1995), en Fonética y fonología actual del español, manifiesta las mismas teorías de los anteriores preceptistas y gramáticos: «En una pronunciación normal menos atenta y más rápida, las dos vocales se pronuncian en una sílaba, sobre todo si ninguna de las vocales lleva acento» (pág. 209). (Fuente: ESGUEVA MARTÍNEZ, Manuel Agustín. Vocales en contacto. LA SINALEFA. Rhythmica, II, 2, 2004)
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Considero muy ilustrativos los resúmenes anteriores. El de Esgueva Martínez, especialmente, pone a nuestra disposición las opiniones que a través de los siglos han vertido los grandes estudiosos de la materia. Bien pudieran estas opiniones servir de fundamento a nuestras disertaciones sobre el tema y ayudarnos a buscar un punto de equilibrio en la balanza de las definiciones teóricas.
Para mí las sinalefas y los hiatos, cuando forzados, son tan despreciables como un ripio. Todos, desde el punto de vista estético y artístico, tienen efectos perjudiciales sobre el verso. El uso incorrecto o abusivo de las licencias poéticas conlleva, por lo general, a errores de métrica; el ripio, a la artificiosidad del texto poético.
Concuerdo con Jorge en que el caso «oó» es el más complejo en los encuentros de vocales. Particularmente, encuentro curioso que en mis prácticas poéticas, y especialmente en este caso, suela descartar las elisiones vocales y tienda más al hiato que a la sinalefa, razón por la cual difiero en la ejecución de algunos de los versos de su lista de ejemplos. Algo tienen que le disgustan a mi oído ─algunos de ellos me resultan incluso intolerables─, aunque peores hay, como estos del célebre poeta renacentista Juan Boscán, tomados de su obra «Como después de tempestuoso día»:
así en su padecer el alma mía
con la tarde del bien es tan gozosa,
que se rehace en una hora que reposa *
de todos los trabajos que tenía.
(JUAN BOSCÁN, «Como después de tempestuoso día»)
Transcribo a continuación ejemplos de este mismo caso «oó», pero resueltos de otro modo. Veremos cómo el hiato rítmico juega un papel fundamental en la ejecución del verso, tal como ocurre en esta hermosísima muestra del poeta romántico español Manuel Bretón de los Herreros, tomada de su obra «La pereza»:
¡Oh, qué lindo en poltrona regalada
reposar una hora y otra hora! *
comer, holgar... ¡qué vida encantadora
sin ser de nadie y sin pensar en nada!
(MANUEL BRETÓN DE LOS HERREROS «A la pereza»
Otros ejemplos del mismo caso «oó»:
Algo se muere en mí todos los días:
la hora que se aleja me arrebata, *
del tiempo en la insonora catarata,
salud, amor, ensueños y alegrías.
(JULIO FLORES, «Resurrecciones»)
Estaba en su hora más áurea la fiesta. *
El blanco abanico bajaba y subía,
parecido a un ala de nieve interpuesta
entre tus desdenes y la cuita mía…
(BELISARIO ROLDÁN, «Soneto baladí»)
«¿Adonde vas? Por despreciar el nido,
Al peligro de ligas y de balas.
El dueño huyes que tu pico adora?» *
(LOPE DE VEGA, «Daba sustento a un pajarillo un día»)
¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro, *
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?
(FRAY LUIS DE LEÓN «En la Ascensión»)
Mucha noche hace falta en las estrellas
pero más en el alma se precisa.
Mucha noche hace falta
que caiga grave en su honda mina. *
(CARLOS BOUSOÑO, «La luz de Dios»)
si pudiera subirme, si pudiera
muy más allá de todo lo creado
y en la última rama de mi Amado *
pusiera el corazón y el alma entera;
(JOSÉ LUIS MARTÍ DESCALZO)
Que la última tarde de mi vida *
quede de tu perdón, Señor, ungida.
(JUAN BAUTISTA BERTRÁN, «A modo de soliloquios atendidos»)
ELHI DELSUE
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